- La Campa Torres es un gran oppidum astur situado en un promontorio costero estratégico de Gijón, ocupado desde el Bronce Final hasta época romana.
- El castro destaca por su potente sistema defensivo, con foso, contrafoso y muralla de módulos, y por sus viviendas circulares prerromanas y rectangulares romanas.
- La intensa actividad metalúrgica y su identificación con Noega revelan un papel central en la economía y en las redes de intercambio de los astures transmontanos.
- El Parque Arqueológico-Natural actual integra museo, itinerario señalizado y miradores, siendo un referente para conocer la prehistoria y romanización de Asturias.

La Campa Torres es uno de esos lugares en los que historia, paisaje y arqueología se dan la mano para contarnos cómo vivían los antiguos ástures en la costa cantábrica. En este promontorio espectacular, a las afueras de Gijón, se conserva el que está considerado como el gran oppidum de Noega, un castro marítimo clave para entender la cultura castreña del norte peninsular y su posterior romanización.
Quien se acerca hoy al Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres no solo recorre unas ruinas, sino un auténtico laboratorio al aire libre donde, desde hace décadas, equipos de arqueólogos han ido desentrañando una larguísima secuencia de ocupación que arranca a finales de la Edad del Bronce y llega hasta época romana. Es un sitio perfecto tanto para quienes se inician en la arqueología asturiana como para quienes buscan profundizar en el mundo de los castros y los astures transmontanos.
Un enclave privilegiado en la costa de Gijón
El castro de la Campa Torres se sitúa en el extremo occidental del cabo Torres, en el concejo de Gijón, en pleno litoral del Principado de Asturias. Se alza sobre un promontorio acantilado de unos 100 metros de altura, encajado entre el puerto de El Musel y la ría de Aboño, lo que le otorga un control visual impresionante sobre la costa y la entrada a la bahía gijonesa.
Desde la Campa Torres se domina un amplio tramo de la costa asturiana, aproximadamente entre la Punta de la Vaca (en Luanco) y el saliente de La Providencia, un arco de unos 16 kilómetros que convierte este lugar en un punto estratégico de primer orden. No es casual que sus primeros pobladores eligieran este cabo, ya que combina excelentes defensas naturales con un acceso relativamente sencillo al interior y a los recursos marinos.
El entorno de la península de Torres no solo es importante por su posición militar y comercial, sino también por su riqueza biológica y geológica. El paisaje vegetal de la zona conserva un sustrato muy característico, que ha sido objeto de estudios específicos, y que ayuda a reconstruir cómo era el medio natural en tiempos prerromanos y romanos.
Administrativamente, la Campa Torres forma parte del municipio de Gijón, dentro de la comunidad autónoma del Principado de Asturias. El lugar está incluido en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias y goza de protección como Bien de Interés Cultural (BIC), lo que refuerza su relevancia como espacio patrimonial de primer nivel en la región.
Orígenes del yacimiento y larga ocupación histórica
La ocupación de la Campa Torres se remonta a finales de la Edad del Bronce, en torno a los siglos VIII-VII a. C., cuando comienzan a asentarse las primeras comunidades en este promontorio. No hablamos aún de un castro fortificado como tal, pero sí de un lugar ya valorado por su situación privilegiada y sus recursos.
Durante la Edad del Hierro el asentamiento da un salto cualitativo y se transforma en un gran poblado fortificado, con sucesivas fases de construcción defensiva. En este momento se consolida como uno de los castros más importantes de los astures transmontanos, destacando por su tamaño, complejidad interna y papel en las redes de intercambio del Cantábrico.
La secuencia de ocupación se prolonga después en época romana, cuando el viejo poblado astur entra en una fase de transformación y romanización. En este periodo se levanta, entre otros elementos, un monumento dedicado al emperador Augusto, interpretado por diversos investigadores como una posible torre-faro vinculada al control marítimo y simbólico de la costa.
Todo este largo arco cronológico, que va del Bronce Final al Alto Imperio romano, convierte a la Campa Torres en un yacimiento excepcional para analizar los procesos de cambio social, económico y cultural en la Asturias antigua. Es uno de los castros que mejor permite seguir, casi paso a paso, el tránsito de comunidades indígenas a un mundo plenamente insertado en la órbita de Roma.
Investigación arqueológica: del siglo XVIII al Proyecto Gijón
Los primeros estudios documentados en la Campa Torres se remontan a finales del siglo XVIII, cuando en 1783 el arquitecto Manuel Reguera González, por iniciativa de Gaspar Melchor de Jovellanos, realiza excavaciones en dos estructuras que interpretó como parte de las Aras Sestianas. Aquellos trabajos pioneros, aunque con métodos muy alejados de la arqueología moderna, ya llamaron la atención sobre la importancia del lugar.
Durante mucho tiempo, el promontorio fue objeto de interpretaciones diversas, hasta que en 1972 el profesor José Manuel González, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Oviedo, lo catalogó como el castro de Noega, identificándolo con el oppidum citado en fuentes clásicas. Este hito supuso un giro en el interés científico por la Campa Torres y abrió la puerta a campañas de excavación sistemática.
En 1978 se lleva a cabo la primera campaña de excavación científica moderna, dirigida por José Luis Maya y Juana Bellón. En esa intervención se descubre un edificio de época romana junto a restos más antiguos, confirmando la larga ocupación del lugar. Poco después, en 1980, el yacimiento es declarado Bien de Interés Cultural, lo que asegura una mayor protección institucional.
Entre 1982 y 1999, el profesor José Luis Maya dirige de forma continuada las excavaciones en el marco del denominado «Proyecto Gijón», que incluía también investigaciones en el recinto amurallado de Cimadevilla y en la villa romana de Veranes. En estos años se exhuman las principales estructuras que hoy se pueden visitar, tanto del castro prerromano como del asentamiento romano posterior.
En 1985 el Ministerio de Cultura encarga a José Luis Maya y Francisco Cuesta la redacción del anteproyecto y proyecto para la creación de uno de los primeros parques arqueológicos de España en este yacimiento. Fruto de ese trabajo, en 1989 se inaugura oficialmente el Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres, integrado en un plan estatal de parques arqueológicos destinados a la difusión y estudio de grandes yacimientos.
De yacimiento a Parque Arqueológico-Natural
La transformación de la Campa Torres en Parque Arqueológico-Natural supuso un cambio de enfoque respecto a la típica idea de museo. Aquí no se trata solo de mostrar piezas en vitrinas, sino de entender el yacimiento completo como un espacio musealizado, en el que el paisaje, las ruinas y los edificios de apoyo forman un conjunto coherente.
El parque ocupa unos 50.000 m², organizados en varias zonas bien diferenciadas: área de recepción y museo, faro romano o torre de Augusto, itinerario arqueológico, zona del castro propiamente dicho, miradores paisajísticos y miradores de aves. Este diseño permite una visita escalonada, en la que se combinan explicaciones históricas con el disfrute del entorno natural.
El museo se ubica en un antiguo búnker de la Guerra Civil española, construido en su día para la defensa del puerto de El Musel. Este edificio reutilizado alberga una sala de audiovisuales, servicios, espacios de trabajo para el personal técnico, biblioteca y un área de descanso, además de la exposición permanente.
Dentro del museo se exponen reproducciones, maquetas y materiales arqueológicos que ayudan a contextualizar lo visto en el exterior. Es el lugar ideal para hacerse una idea general del mundo de los castros asturianos, de la vida cotidiana en la Campa Torres y de los cambios introducidos por la presencia romana en la región.
El Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres se ha convertido también en el centro neurálgico de la actividad arqueológica del concejo de Gijón. Allí tiene su sede el centro de documentación arqueológica municipal y la Biblioteca Manuel Fernández-Miranda, recursos fundamentales para investigadores y para la gestión del patrimonio local.
Estructuras defensivas: murallas y fosos
Una de las señas de identidad del castro de la Campa Torres es su potente sistema defensivo, especialmente desarrollado durante la Edad del Hierro. A las defensas naturales del acantilado se suman estructuras construidas que cierran el istmo que une la península de Torres con el continente.
El dispositivo principal estaba formado por un gran foso excavado en la roca, acompañado de un contrafoso y coronado por una muralla de módulos construida con bloques de cuarcita. Este tipo de muralla modular, compuesta por compartimentos o tramos diferenciados, es característica de algunos castros asturianos y demuestra un conocimiento técnico notable en ingeniería defensiva.
La combinación de foso, contrafoso y muralla creaba una línea de defensa muy difícil de superar, reforzada por la estrechez del istmo y por la altura del promontorio. Los accesos al interior del poblado se controlaban a través de puntos muy concretos, donde probablemente existirían puertas fortificadas y estructuras de vigilancia.
Además de estas defensas principales, el yacimiento conserva otros elementos asociados, como taludes, posibles parapetos y zonas de refuerzo en áreas especialmente expuestas. Todo ello pone de manifiesto el carácter estratégico del enclave y la necesidad de proteger un asentamiento que, por su tamaño y recursos, debía de ser un objetivo valioso en caso de conflicto.
Viviendas y urbanismo del castro
El itinerario arqueológico de la Campa Torres permite observar restos de diferentes tipos de viviendas, que reflejan tanto la tradición indígena como la posterior influencia romana. Este mosaico de estructuras ayuda a seguir la evolución del poblado a lo largo de siglos.
En las fases prerromanas predominan las casas de planta circular y elíptica, típicas de la cultura castreña del noroeste peninsular. Estas viviendas, datadas en torno al siglo V a. C. y siguientes, se levantaban con muros de piedra y cubiertas vegetales, probablemente de materiales como madera, ramaje y teito.
Con la llegada de Roma empiezan a aparecer viviendas de planta rectangular, propias de los modelos constructivos romanos. Estas casas, fechadas entre los siglos I y III d. C., indican un cambio en las formas de habitar y una adaptación progresiva a nuevos patrones arquitectónicos y organizativos.
La distribución interna del castro responde a un urbanismo adaptado al relieve, con áreas residenciales, espacios de trabajo y zonas de paso que se articulan siguiendo la topografía del cabo. Aunque no se conserva todo el trazado original, las excavaciones han permitido reconstruir parcialmente la estructura del poblado y su articulación interna.
Además de las viviendas, el recorrido señaliza otros puntos de interés, como pozos artesianos, aljibes para el almacenamiento de agua y elementos vinculados a la actividad metalúrgica y doméstica. Toda esta información se explica a través de paneles y puntos de observación repartidos por el itinerario arqueológico.
Actividad metalúrgica y economía del poblado
Las abundantes evidencias de trabajo metalúrgico halladas en la Campa Torres han llevado a los investigadores a plantear que este castro pudo tener una especialización económica concreta dentro del conjunto de poblados astures. Escorias, restos de hornos y otros indicios apuntan a una intensa actividad de transformación de metales.
Siguiendo las propuestas de autores como J. M. González, se ha interpretado que la Campa Torres podría identificarse con la ciudad astur de Noega, considerada sede de los cilúrnigos, un grupo posiblemente vinculado a la metalurgia y al control de rutas comerciales. Esta hipótesis refuerza la idea de un oppidum con un papel destacado en las redes regionales.
La economía del castro no se limitaba a la metalurgia, sino que integraba también la agricultura, la ganadería y el aprovechamiento del mar. La posición junto a la costa, con fácil acceso a bancos de pesca y recursos marinos, se combinaba con un interior cercano apto para cultivos y pastos, configurando una base económica diversificada.
Los materiales arqueológicos recuperados incluyen herramientas, objetos de hierro y bronce, así como cerámicas de distintos tipos que ilustran las actividades domésticas, el almacenamiento de alimentos y las relaciones de intercambio con otras áreas. Estos hallazgos son esenciales para reconstruir la vida cotidiana en el castro.
Noega y la romanización de la Campa Torres
La identificación del yacimiento con el oppidum Noega citado en las fuentes clásicas es uno de los puntos más interesantes del debate historiográfico sobre la Campa Torres. Esta ciudad astur habría tenido un papel central en la organización territorial previa a la conquista romana.
Tras la incorporación de la región al Imperio romano, el asentamiento entra en un proceso de transformación que se refleja en la arquitectura, en los materiales y en la propia concepción del espacio. El levantamiento de un monumento a Augusto, interpretado por algunos como una torre-faro, es uno de los símbolos de esta nueva etapa.
Este monumento augústeo en la Campa Torres ha sido estudiado en detalle por especialistas como Fernández Ochoa, Morillo Cerdán y Villa Valdés, quienes han analizado tanto las antiguas excavaciones como la inscripción atribuida a Calpurnio Pisón. Se trataría de un hito con una fuerte carga propagandística y estratégica, visible desde el mar y desde amplias zonas del litoral.
Paralelamente, se observa un progresivo declive del antiguo poblado castreño en favor de asentamientos más dispersos que empiezan a ocupar el entorno de la bahía y de lo que será la ciudad de Gijón. La Campa Torres cede protagonismo a estos nuevos núcleos, más acordes con la organización territorial romana.
Un parque para entender la prehistoria y la historia de Asturias
El Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres está concebido como una gran aula al aire libre para conocer la prehistoria y la historia antigua de Asturias, desde las primeras tribus astures prerromanas hasta la plena implantación de la cultura romana.
El itinerario de visita está estructurado en trece puntos de observación, que van guiando al público por los aspectos más relevantes del yacimiento: defensas, viviendas, áreas de trabajo, espacios de culto, paisaje vegetal y evolución del entorno. Cada punto dispone de paneles informativos que combinan textos, imágenes y reconstrucciones.
A lo largo del recorrido se hace hincapié en cómo evolucionan tanto las comunidades humanas como el paisaje. Los paneles no solo explican estructuras arqueológicas, sino también las especies vegetales presentes y los cambios en la cubierta vegetal a lo largo del tiempo, mostrando la interacción entre naturaleza y cultura.
El parque desarrolla además una labor constante de divulgación y protección del patrimonio, con actividades educativas, visitas guiadas, talleres y colaboraciones con centros de investigación. Esa doble dimensión, científica y didáctica, es una de las claves del éxito del proyecto.
Para los amantes de la arqueología castreña, la Campa Torres es uno de los yacimientos indispensables, equiparable por su importancia a otros grandes poblados fortificados asturianos como El Chao Samartín o a los castros asturianos de la costa cantábrica. Su especial condición de oppidum de referencia lo convierte en pieza clave para entender mil años de poblados fortificados en Asturias, desde el siglo IX a. C. hasta el siglo II d. C.
Visita práctica: acceso, recorrido y servicios
Acceder a la Campa Torres es relativamente sencillo desde la ciudad de Gijón, ya que el parque se encuentra muy próximo al núcleo urbano y bien señalizado por carretera. El castro se alza sobre el cabo, de modo que el visitante termina llegando a un área de aparcamiento próxima al centro de recepción.
El recorrido habitual de la visita comienza en el edificio-museo, donde se puede ver la exposición introductoria, visionar audiovisuales y hacerse con materiales informativos. A partir de ahí, se sale al exterior para seguir el itinerario arqueológico señalizado que conduce por los distintos puntos del poblado y los miradores.
Los miradores del parque ofrecen vistas espectaculares sobre el mar Cantábrico, el puerto de El Musel, la ría de Aboño y el entorno de Gijón. Además de la vertiente histórica, el espacio cuenta con miradores de aves, ideales para quienes disfrutan de la observación ornitológica en un contexto paisajístico singular.
El horario del parque y del museo varía según la época del año, por lo que conviene consultar la información actualizada a través de los canales oficiales del Ayuntamiento de Gijón o del propio parque antes de planificar la visita. En determinadas fechas se programan actividades especiales, visitas teatralizadas o jornadas de puertas abiertas.
En cuanto a servicios, el parque dispone de zonas de descanso, aseos y espacios de trabajo interno, lo que facilita tanto la experiencia del visitante general como el desarrollo de campañas de investigación y catalogación. Todo ello se integra en una concepción moderna del patrimonio, que combina conservación, estudio y disfrute público.
Bibliografía y estudios de referencia
La Campa Torres cuenta con una bibliografía muy amplia y especializada, fruto de décadas de trabajo de arqueólogos e historiadores. Algunos títulos se han convertido ya en referencias obligadas para quien quiera profundizar en el castro y en la cultura castreña asturiana.
Entre las obras generales sobre el yacimiento destaca la monografía editada por Maya González y Cuesta Toribio, «El castro de la Campa Torres. Periodo prerromano», donde se abordan en detalle las fases indígenas del oppidum. También son fundamentales los trabajos de J. L. Maya sobre la cultura material de los castros asturianos, que ponen a la Campa Torres en relación con otros yacimientos de la región.
Para el estudio del monumento a Augusto y la etapa romana resultan esenciales los artículos de Fernández Ochoa, Morillo Cerdán y Villa Valdés, en los que se revisan las antiguas excavaciones y se analiza la inscripción de Calpurnio Pisón. Estos trabajos permiten entender mejor el significado político y simbólico de la presencia romana en el cabo.
Otros investigadores, como A. Villa Valdés o A. Menéndez Granda y E. Sánchez Hidalgo, han estudiado la Campa Torres en el marco más amplio de los poblados fortificados asturianos, o a partir de sondeos arqueológicos concretos, ofreciendo una visión comparativa que ayuda a encajar Noega en el paisaje fortificado de la Asturias protohistórica y romana.
Para el análisis del entorno natural, el estudio de Herminio Nava Fernández sobre el paisaje vegetal de la Campa Torres es una referencia clave, pues muestra cómo la vegetación y el medio físico condicionaron y acompañaron la evolución del poblado y de su territorio asociado.
En conjunto, la Campa Torres se ha consolidado como un yacimiento de singular significación histórica, fijado en la memoria colectiva de Asturias y con un prestigio que se ha mantenido a lo largo del tiempo. Visitar hoy este promontorio es asomarse a mil años de historia fortificada, comprender cómo vivían los ástures y cómo se integraron en el mundo romano, y disfrutar a la vez de uno de los paisajes costeros con mayor personalidad del litoral cantábrico.
