- Los castros asturianos son poblados fortificados ocupados entre el Bronce Final y la romanización, con una fuerte identidad propia dentro de la Cultura Castreña.
- Se clasifican por localización, altitud y cronología, superando hoy los 220 yacimientos identificados en todo el Principado de Asturias.
- Entre el Eo y el Navia se concentran castros destacados como Chao Samartín, Coaña, Pendia o San Luis, muchos vinculados a la minería aurífera.
- Castros como Coaña y Chao Samartín ofrecen visitas guiadas, museos y aulas didácticas que facilitan conocer en profundidad este patrimonio arqueológico.

Los castros asturianos son mucho más que cuatro piedras viejas sobre un cerro: representan casi mil años de historia, conflictos y formas de vida de los pueblos que habitaron el territorio que hoy llamamos Asturias. Durante siglos, estos recintos fortificados fueron el hogar de comunidades autosuficientes que se defendían como podían en un mundo duro y competitivo.
Gracias a la arqueología sabemos hoy que bajo las hierbas, los fosos y las murallas de estos poblados se esconde un paisaje cotidiano hecho de cabañas, talleres de metal, hornos, saunas y casas de asamblea. A la vez, castros emblemáticos como Chao Samartín o Coaña se han convertido en espacios visitables y didácticos, ideales para entender cómo vivían los antiguos habitantes del norte peninsular.
Qué es un castro asturiano y cómo era la vida en su interior
Cuando hablamos de castro en Asturias nos referimos, básicamente, a un poblado fortificado levantado en una posición elevada o estratégica, normalmente sobre una colina o promontorio con buenas vistas del entorno. Su rasgo principal es la presencia de defensas monumentales -murallas, fosos, parapetos- que cerraban el recinto donde se concentraba la vida diaria.
Durante el larguísimo periodo comprendido entre el final de la Edad del Bronce y la plena integración en el mundo romano, en Asturias no se documenta otro tipo de asentamiento estable que no sea este poblado fortificado. Por eso, buena parte de arqueólogos e historiadores agrupan todo ese tiempo bajo el paraguas de “Cultura Castreña”, destacando su vinculación con la cultura de los celtíberos y el carácter defensivo del hábitat como su seña de identidad más visible.
En el interior de estos recintos se organizaban comunidades autárquicas, es decir, grupos que se bastaban en gran medida a sí mismos y que competían con otros poblados por los recursos básicos: tierras de cultivo, madera, caza, pastos y, muy especialmente, los yacimientos minerales de hierro, cobre u oro que tanto interesaron después a los romanos.
Las viviendas solían ser cabañas de planta circular u ovalada, o bien estructuras con las esquinas suavemente redondeadas; muchas de ellas combinaban muros de piedra con entramados de madera recubiertos de barro. Alrededor podían aparecer construcciones singulares de uso colectivo, como saunas o termas indígenas, casas de reunión y espacios de trabajo donde se desarrollaban actividades artesanales.
Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz cerámicas hechas a mano y a torno, hornos, moldes, escorias y piezas metálicas que demuestran un notable dominio de la metalurgia, así como adornos personales y joyas muy elaboradas que revelan una rica capacidad artística. Todo ello indica sociedades complejas, jerarquizadas y conectadas con redes de intercambio más amplias de lo que podría parecer a simple vista.
Cómo se clasifican los castros de Asturias
Si nos centramos en el territorio del actual Principado de Asturias, los castros pueden ordenarse de varias maneras según su ubicación, su altitud o la época en que estuvieron ocupados. Esta clasificación ayuda a entender la enorme variedad de asentamientos dentro de un mismo modelo básico de poblado fortificado.
Por un lado, atendiendo a su localización, es habitual distinguir entre castros marítimos y castros de interior. Los primeros se sitúan en acantilados o cabos, controlando el litoral, mientras que los segundos aparecen tierra adentro, a menudo sobre peñas aisladas, colinas cónicas o promontorios que dominan valles y pasos naturales. Ambos tipos comparten una clara vocación defensiva y de control del territorio.
Si nos fijamos en la altura, hallamos castros en zonas relativamente llanas, levantados en pequeños altos o lomos, y otros en ambientes montañosos, donde ocupan la parte culminante de un pico o peña aprovechando al máximo la orografía. En estos casos, las pendientes naturales actúan como muralla adicional y se refuerzan con taludes, fosos y parapetos allí donde el terreno es más accesible.
El criterio cronológico añade otra capa de lectura. En líneas generales, la ocupación de los castros arranca en la transición entre el Bronce Final y la Primera Edad del Hierro, se mantiene a lo largo de todo el primer milenio antes de Cristo y, en bastantes casos, se prolonga hasta los primeros siglos de la presencia romana en Asturias. No es extraño encontrar pequeñas reocupaciones tardorromanas o altomedievales en recintos que recuperan su función defensiva siglos después.
Los estudios de catalogación iniciados por autores como José Manuel González y Fernández-Vallés, que en los años sesenta del siglo XX inventarió menos de un centenar de castros, han quedado hoy muy superados. En la actualidad, el número de castros identificados en Asturias sobrepasa con creces los 220 y continúa aumentando gracias a los avances de la investigación y a la revisión del territorio con nuevas herramientas.
Principales tipos de castros asturianos y ejemplos representativos
Dentro de ese amplio catálogo, los castros asturianos presentan formas y tamaños diversos: recintos pequeños de apenas unas decenas de metros de diámetro junto a grandes poblados que superan holgadamente la hectárea. A la vez, encontramos asentamientos en “corona” sobre colinas, castros en ladera, auténticas acrópolis fortificadas y poblados costeros colgados sobre el mar.
En la zona centro-oriental, la Campa Torres (Noega), sobre el actual Gijón, es un buen ejemplo de castro marítimo que controlaba la costa desde unos 100 metros de altitud. Más hacia el occidente, el cabo Blanco, en Valdepares (El Franco), destaca como uno de los mayores castros litorales, con varios recintos amurallados y hasta cinco fosos. Otros enclaves costeros relevantes son Castrillón (en el concejo del mismo nombre), Medal o Teifaros, todos ellos guardando el frente cantábrico.
En el interior abundan los castros en corona, como el Cercu de la Barquerona o el Picu Catalín en el entorno de Villaviciosa, con recintos ovalados, fosos múltiplos y contrafosos que protegen plataformas de tamaño pequeño o medio. También sobresalen poblados como El Castiellu de Camoca o el Picu Castiellu de Moriyón, de grandes dimensiones y con murallas que rodean por completo la zona de habitación, a menudo escalonada mediante terrazas en la ladera.
La franja montañosa central, en concejos como Ḷḷena, Aller, Ayer o Sobrescobiu, concentra un buen número de recintos situados a más de 700 u 800 metros de altitud: castros-torre de pequeño tamaño sobre peñones calizos, recintos alargados con dos o más fosos, e incluso plataformas casi arrasadas por construcciones modernas como depósitos de agua o cementerios. Aun así, siguen siendo legibles los cinturones defensivos y las trazas de las viviendas.
En el occidente, entre los ríos Eo y Navia, encontramos la zona tradicionalmente atribuida a los galaicos, con castros como Coaña, Chao Samartín, Pendia, Mohías, San Isidro o San Luis, muchos de ellos asociados a explotaciones mineras de oro y otros metales. Aquí la superposición de fases prerromanas y romanas es especialmente visible, tanto en la arquitectura doméstica como en las estructuras defensivas.
Castros del occidente de Asturias (entre el Eo y el Navia)
El sector comprendido entre el Eo y el Navia reúne algunos de los castros más espectaculares y mejor estudiados de Asturias. A menudo se les denomina castros galaicos por sus afinidades con los poblados fortificados de Galicia, tanto en las defensas como en las plantas de las viviendas y en ciertos rasgos culturales compartidos.
Este conjunto occidental incluye recintos costeros y de interior, muchos de ellos vinculados a la extracción de oro y otros minerales. Es el caso de enclaves como El Castrón de Arancedo, donde se han localizado denarios de la época de Augusto y cerámicas “sigillatas”; San Isidro, con su sistema de piedras hincadas o “caballos de Frisia” que dificultaban el avance de tropas y caballería; o el castro de Cuturulo (Valabelleiro), cuyo origen se asocia directamente a una explotación minera romana.
En esta misma zona destacan también Pendia, con una acrópolis y un poblado separados por muralla y viviendas predominantemente circulares; Chao Samartín, plenamente excavado y musealizado; Mohías, de calles muy regulares sugestionando una fuerte planificación romana; o San Luis (Allande), con barrios diferenciados de casas circulares y cuadradas y una secuencia de ocupación que llega hasta el siglo IV d. C.
Otros castros, como La Escrita en Boal, muestran fosos, rampas, murallas y un trazado urbano complejo todavía en proceso de excavación. A ello se suman recintos prácticamente inéditos o poco excavados -Castromior, Castromourán, Meredo, Montouto, Viladaelle…- que forman un mosaico de yacimientos pendientes de estudio sistemático a gran escala. Todo apunta a un paisaje densamente ocupado y articulado en torno a la minería y a las rutas de comunicación hacia el interior.
En conjunto, este sector occidental sirve como laboratorio privilegiado para estudiar la transición entre los poblados indígenas y la ocupación romana, así como el papel que jugó la riqueza mineral del área en la configuración de la red de castros.
El castro Chao Samartín y su museo
El castro de Chao Samartín, en el concejo de Grandas de Salime, se ha ganado con creces su fama como uno de los yacimientos castreños más relevantes e influyentes de Asturias. Situado en una posición estratégica, dominando el entorno, fue un poblado importante hasta que un terremoto ocurrido en el siglo II después de Cristo provocó su destrucción y abandono.
Las excavaciones arqueológicas realizadas en las últimas décadas han permitido reconstruir la evolución del asentamiento, desde sus fases iniciales prerromanas hasta el momento en que se integra de lleno en la dinámica del mundo romano. Gracias a esas campañas de investigación, hoy se puede recorrer el yacimiento de la mano de visitas guiadas que se organizan de martes a sábado y también en domingos y festivos, con horarios adaptados al público general.
Junto al castro se encuentra el Museo del Chao Samartín, concebido como complemento indispensable a la visita. Desde sus instalaciones parten los recorridos guiados al poblado y, además, ofrece un discurso expositivo que contextualiza la Cultura Castreña en Asturias, explica el método arqueológico y muestra los hallazgos más significativos de la investigación.
Este museo abre en horario de mañana y tarde de martes a sábado, mientras que los domingos concentra sus visitas en sesión matinal. De este modo, tanto viajeros curiosos como grupos escolares o aficionados a la arqueología tienen la oportunidad de conocer, con bastante comodidad, uno de los mejores ejemplos de poblado fortificado excavado y puesto en valor en el noroeste peninsular.
La Asociación de Amigos del Parque Histórico del Navia, muy implicada en la difusión de este patrimonio, ha impulsado numerosos materiales divulgativos para reunir en un mismo marco la información más actualizada sobre la Cultura Castreña, con especial protagonismo para Chao Samartín y su entorno, buscando acercar este pasado milenario a especialistas y al público general.
Historia, visita y entorno del Castro de Coaña
Si hay un castro famoso en Asturias, ese es el de Coaña, conocido popularmente como el Castrillón por los vecinos de la zona. Situado en un alto que domina la ría de Navia, durante siglos vigiló y defendió este importante paso fluvial. Con la llegada de Roma se convirtió en una pieza clave del dispositivo imperial para asegurar el transporte del oro procedente de las explotaciones cercanas.
Bajo dominio romano, Coaña vive su momento de mayor pujanza en la segunda mitad del siglo I d. C., pero las excavaciones han demostrado que el poblado tiene raíces claramente prerromanas. Las viviendas circulares suelen atribuirse a un primer asentamiento indígena, mientras que las casas de planta rectangular corresponderían a la reorganización del espacio durante la ocupación romana.
En el área se han hallado monedas de época de César y anteriores, con un volumen especialmente alto de emisiones correspondientes al gobierno de Augusto. A ello se suman piezas de Tiberio, Claudio y Quintilo, ya en el siglo III. En paralelo, las dataciones por carbono 14 de otros castros asturianos como San Chuis o el propio Chao Samartín, que apuntan a cronologías del siglo VII y VIII a. C., han hecho replantearse la idea tradicional de que estos yacimientos nacen al mismo tiempo que la presencia romana.
El recorrido por el castro de Coaña comienza atravesando una muralla escalonada de gran potencia, en cuya zona de acceso se aprecian los restos de un torreón rectangular que defendía la entrada al recinto principal o acrópolis. Entre esta y la muralla, en la ladera norte del cerro, se extiende el llamado barrio norte, donde se conservan docenas de estructuras circulares y rectangulares de entre 4 y 6 metros de diámetro -en el caso de las cabañas redondas- y hasta unos 5 x 12 metros en las casas alargadas.
En muchos de estos edificios se reconocen hogares centrales, piedras de molino, grandes bloques de granito y otros elementos que permiten hacerse una idea de la vida doméstica. No obstante, una de las zonas más llamativas del recinto es el denominado “recinto sacro” o área cultual, donde se agrupan dos conjuntos de construcciones relacionadas presumiblemente con el culto al agua y el uso termal.
El primer conjunto incluye una cámara con ábside, una piscina semioval, pavimento enlosado y un sistema de canales; el segundo presenta una antecámara seguida de una gran sala desde la que se accede a una piscina de granito de considerables dimensiones. Aunque su función concreta sigue siendo materia de debate, muchos investigadores interpretan este espacio como una instalación termal de carácter rudimentario pero muy singular en el contexto cantábrico.
En una pequeña depresión próxima al castro se encuentra el aula didáctica del Parque Arqueológico de la Cuenca del Navia, un equipamiento concebido para explicar de forma amena la cultura castreña, la minería aurífera romana y las claves del trabajo arqueológico sobre el terreno. Esta aula sirve como complemento ideal a la visita al poblado y reúne paneles, maquetas y recursos audiovisuales.
Cómo llegar al Castro de Coaña, horarios y tarifas
Acceder al castro de Coaña es bastante sencillo si se toma como referencia la villa de Navia, atravesada por la carretera N-634. En el margen izquierdo de la ría se encuentra la localidad de El Espín, desde donde hay que tomar la carretera AS-12 en dirección a Grandas de Salime. Tras pasar el núcleo de Coaña, se señaliza un desvío a la derecha que conduce directamente al castro y al aula didáctica.
El yacimiento cuenta con un horario diferenciado entre invierno y verano. En temporada de invierno, desde el 1 de octubre hasta el 31 de marzo, abre de miércoles a domingo de 10:30 a 15:30 horas, siendo recomendable acceder como muy tarde a las 15:00. Durante estos meses permanece cerrado los lunes y martes. En verano, del 1 de abril al 30 de septiembre, abre igualmente de miércoles a domingo, aunque ampliando la franja hasta las 17:30 horas, con último pase sugerido en torno a las 17:00.
Las visitas guiadas son especialmente aconsejables para comprender la organización del poblado y los distintos sectores del yacimiento, por lo que se recomienda consultar previamente los horarios de estos recorridos en el teléfono 985 978 401. La gestión organiza grupos y adapta las explicaciones a distintos perfiles de visitantes.
En cuanto a las tarifas, la entrada general tiene un precio de 3,13 euros, mientras que la reducida -destinada a niños de 7 a 12 años, mayores de 65 años y miembros de familias numerosas- se sitúa en 1,62 euros. El acceso es gratuito para los menores de 7 años y también los miércoles, día en que la visita no tiene coste para el público individual. Para grupos organizados conviene informar con antelación y pedir condiciones específicas.
El castro se localiza en el entorno de Villacondide, dentro del concejo de Coaña. Como referencia práctica, la dirección oficial se indica como Villacondide-Coaña y se facilita el mismo teléfono de contacto ya citado para resolver dudas de agenda, disponibilidad y posibles cambios de horario. Todo ello convierte a Coaña en un destino muy asequible para escapadas culturales por el occidente asturiano.
Qué ver cerca de Coaña y otros recursos castreños de la zona
El concejo de Coaña ofrece varios puntos de interés ligados directa o indirectamente al castro. Uno de los más llamativos es la llamada Estela discoidea, una gran piedra circular que probablemente proceda del propio yacimiento y que está asociada a antiguos cultos funerarios o solares. Con el tiempo fue cristianizada y pasó a conocerse como Piedra de Nuestra Señora, encontrándose hoy encastrada en una casa a la salida de la villa, convertida ya en símbolo del municipio.
Por el territorio discurre además una etapa del Camino de Santiago en su variante costera, que permite enlazar patrimonio arqueológico y paisaje caminando. A esto se suma la senda costera de Coaña y la ruta marinera de Ortiguera, que parte de este pueblo y recorre la franja litoral del concejo desde Ortiguera hacia Medal, Lloza y Cartavio, para rematar en el núcleo de Castello. Son unos 18 kilómetros de recorrido, de dificultad baja, realizables tanto a pie como en bicicleta de montaña.
Muy cerca se sitúa el cabo de San Agustín, un espléndido mirador sobre el Cantábrico donde conviven el faro antiguo y el actual, y desde el que se aprecia con claridad la estrecha relación entre el paisaje marítimo y los asentamientos humanos históricos. Completar la visita al castro con este punto panorámico ayuda a entender la elección de ciertos enclaves defensivos a lo largo de la costa.
El occidente asturiano en su conjunto está jalonado de otros castros inéditos o parcialmente excavados: desde la corona del Castro de Arancedo y la Corona del Castro de Arancedo -con monedas de Tiberio y Augusto- hasta La Corona de diversos concejos, San Cruz, Salcido, Mazos, Illaso o Deilán, algunos con claras conexiones mineras y otros aún pendientes de una investigación más profunda. Esta densidad de recintos refuerza la idea de un territorio muy articulado en torno a redes de poblados fortificados.
Entre los distintos municipios y entidades culturales -museos, aulas didácticas, asociaciones- se está consolidando una oferta de rutas temáticas y recursos interpretativos que permiten al visitante trazar su propio itinerario por la Cultura Castreña asturiana, combinando senderismo, visitas guiadas y paradas en miradores o pequeños pueblos con encanto.
A la vista de todo lo expuesto, los castros asturianos forman un entramado de poblados que van mucho más allá de unas ruinas aisladas: sintetizan mil años de hábitat fortificado, de economía ligada a la tierra y al metal, de contactos con Roma y de memoria transmitida hasta hoy. Explorar sitios como Chao Samartín, Coaña, Pendia o los numerosos recintos de interior y costa es una manera excelente de acercarse a la historia antigua de Asturias disfrutando al mismo tiempo del paisaje y de una red de equipamientos culturales cada vez más completa.
