Cinco mil años de cultura Majiayao y la formación de China

Última actualización: mayo 13, 2026
  • La cultura Majiayao se sitúa en el alto río Amarillo y destaca por su cerámica pintada y la metalurgia de bronce más antigua de China.
  • Formó parte de un mosaico de culturas neolíticas como Yangshao, Liangzhu o Hongshan que prepararon el terreno para los primeros estados.
  • Los cambios climáticos condicionaron el auge y declive de Majiayao y otras culturas, impulsando desplazamientos y transformaciones sociales.
  • De estas tradiciones surgieron las culturas de Erlitou, Shang y Zhou, que marcan el paso definitivo a la Edad del Bronce y a la historia escrita china.

Cultura Majiayao y civilización china

Cuando se habla de cinco mil años de cultura Majiayao, en realidad estamos abriendo la puerta a toda la prehistoria y la protohistoria de China: desde los primeros homínidos y las aldeas de cazadores-recolectores con cerámica temprana, hasta las primeras ciudades amuralladas y el nacimiento de los estados de bronce como Xia y Shang. La cultura Majiayao es solo una pieza -muy vistosa por su cerámica pintada- dentro de un mosaico enorme de culturas neolíticas y de la Edad del Bronce que se influyeron mutuamente durante milenios.

A lo largo de estas líneas vas a encontrar un recorrido amplio, sin escatimar detalles, por todas esas culturas, yacimientos, cronologías y mitos que el contenido original menciona: desde las cuevas con la cerámica más antigua del mundo hasta el cuchillo de bronce Majiayao, pasando por Liangzhu, Yangshao, Hongshan, Longshan, la dinastía Xia y el mito del Gran Diluvio. El objetivo es que, al terminar, tengas una visión clara de cómo se forma la civilización china y del lugar concreto que ocupa Majiayao dentro de esos “cinco mil años”.

De los primeros homínidos al marco geográfico de la civilización china

El territorio que hoy ocupa la República Popular China estuvo habitado desde hace más de dos millones de años. En distintos yacimientos se han recuperado fósiles de homínidos que permiten reconstruir etapas clave de la evolución humana en Asia. Entre ellos destacan el llamado Hombre de Renzidong (en Wuhu, Anhui, con más de dos millones de años), el Hombre de Yuanmou (1,7 millones), el Hombre de Nihewan (1,5 millones), el Hombre de Lantian (700.000-650.000 años) o el célebre Hombre de Pekín (Homo erectus de Zhoukoudian, unos 500.000-400.000 años).

Estos fósiles muestran una ocupación humana prolongada en China, pero la civilización tal y como la entendemos -estado, escritura, metalurgia desarrollada- no aparecerá hasta mucho más tarde. Geográficamente, el desarrollo histórico se articula en torno a los dos grandes ríos: el Yangtsé, eje fundamental del sur, y el río Amarillo (Huang He), cuna tradicional de la civilización china en la llanura del Norte y en los territorios donde se formará el grupo étnico Han.

En estas cuencas fluviales se han identificado centenares de yacimientos prehistóricos que demuestran una continuidad de ocupación desde el Paleolítico hasta la Edad del Bronce. La regulación de los cursos de agua y la agricultura intensiva en estas llanuras sedimentarias serán factores decisivos para el surgimiento de las primeras organizaciones estatales.

Del Paleolítico a las primeras aldeas neolíticas

En el Paleolítico superior, los grupos cazadores-recolectores comenzaron a desarrollar innovaciones tecnológicas clave: cerámica muy temprana, instrumentos de piedra pulida, piedras de molienda y nuevas estrategias de explotación de recursos vegetales y marinos.

Uno de los hallazgos más espectaculares procede de la cueva de Xianren y el refugio rocoso de Diaotonghuan, en Jiangxi. Allí se han recuperado fragmentos de cerámica que, analizados, se datan entre hace 20.000 y 19.000 años, lo que convierte a estos recipientes en la cerámica más antigua conocida del planeta. Son piezas de paredes gruesas, muy porosas y cocidas a baja temperatura, probablemente empleadas para hervir mariscos, arroz silvestre y otros alimentos.

Otro sitio clave es Nanzhuangtou, cerca del lago Baiyangdian en Hebei, fechado hacia 9500-9000 a. C., donde se encontraron más de cuarenta piezas de cerámica, herramientas de piedra y evidencia de domesticación temprana del perro. También aparecen herramientas de molienda y algunos de los primeros indicios de cultivo de mijo.

Durante el Holoceno temprano (a partir de ca. 9000 a. C.) se produjo una transición gradual hacia formas de vida más sedentarizadas. Se domesticaron cerdo, perro, arroz y mijo entre 7000 y 6000 a. C., mientras los grupos humanos intensificaban la recolección de frutos secos y cereales silvestres. Todavía se combinaba la caza-recolección con experimentos agrícolas, pero la base de la futura revolución neolítica ya estaba sentada.

El Neolítico chino: mosaico de culturas regionales

El Neolítico en China, aproximadamente entre el 7000 y el 2000 a. C., abarca un territorio inmenso y muy diverso. En lugar de una sola cultura uniforme, encontramos múltiples tradiciones regionales interconectadas, cada una con su propia cerámica, organización social y uso de jade.

En el norte sobresalen, entre otras, la cultura Peiligang (7000-5000 a. C.) en Henan, conocida por sus aldeas relativamente igualitarias, cultivo de mijo, cría de cerdos y vacuno, pesca en el río Yi-Luo y una de las cerámicas más antiguas de China. La cultura Cishan (6500-5000 a. C.) en Hebei oriental se especializó en el cultivo de distintas variedades de mijo, con grandes silos subterráneos que podían almacenar hasta 1.000 kg cada uno.

Más al norte, la cultura Xinglongwa (6200-5400 a. C.), en la frontera entre Mongolia Interior y Liaoning, muestra aldeas planificadas con casas dispuestas en filas, zanjas defensivas y un abundante uso de jade. Esta tradición continuará en culturas posteriores como Xinle y Zhaobaogou, que seguirán trabajando el jade y la cerámica, y desembocará finalmente en la influyente cultura Hongshan.

En la región central del Yangtsé, la cultura Pengtoushan (7500-6100 a. C.) se centra en Hunan y constituye una de las primeras evidencias firmes de arroz domesticado. Los análisis de residuos de arroz en los yacimientos de Pengtoushan y Bashidang indican granos de mayor tamaño que los silvestres, aunque aún sin herramientas agrícolas especializadas.

En Shandong aparece la cultura Houli (6500-5500 a. C.), con aldeas semisubterráneas, herramientas de piedra y hueso, y restos tanto de mijo como de arroz carbonizado. De ella derivará la cultura Beixin (5300-4100 a. C.), que presenta claras evidencias de domesticación de búfalo de agua, cerdo y gallina, así como una dieta muy variada basada en mijo, carne de cerdo, venado, aves, huevos y frutos silvestres.

Culturas del bajo Yangtsé y el origen del arroz

El bajo Yangtsé y las áreas costeras del sudeste chino fueron un foco esencial para el desarrollo temprano del cultivo del arroz y para formas de vida ligadas a humedales y estuarios.

La cultura Kuahuqiao, cerca de Hangzhou (Zhejiang), fechada hace unos 8000 años, ofrece una instantánea fascinante: viviendas sobre pilotes en zonas pantanosas, abundantes restos orgánicos conservados, evidencia clara de arroz con cáscara cultivado, perros y cerdos domesticados, una canoa monóxila de pino datada hacia el 8000 a. C. y herramientas de madera, piedra y hueso. Los restos sugieren incluso cierto dominio de tecnología náutica que, en el muy largo plazo, se relaciona con el origen de los pueblos austronesios.

La cultura Hemudu (5500-3300 a. C.), en Yuyao (Zhejiang), representa otra etapa crucial. Sus gentes vivían también en casas sobre pilotes, producían cerámica gruesa y porosa (a veces marcada con cordones o pintada en negro) y practicaban una agricultura muy avanzada de arroz. Se han hallado azadas de omóplato para labrar campos, objetos de madera lacada muy tempranos, instrumentos musicales de hueso, figurillas, ornamentos de jade y abundantes restos de plantas (loto, bellotas, melocotón, calabaza de botella, etc.).

En el ámbito social, Hemudu parece haber pasado de estructuras clánicas matrilineales en sus fases iniciales a clanes patrilineales más tarde, con un cambio en el estatus relativo de hombres y mujeres. El registro funerario refleja creencias en la vida de ultratumba, cultos solares, totemismo aviar y prácticas chamánicas, con tumbas orientadas al este o noreste, enterramientos infantiles en urnas y cementerios comunales tardíos donde se distinguen clanes por la distribución de las tumbas y la cantidad de ajuares.

Muy cerca, la cultura Majiabang (5000-3300 a. C.) se desarrolla en torno al lago Tai (sur de Jiangsu y norte de Zhejiang) y comparte contactos tanto con Hemudu como con tradiciones del norte. Se han excavado campos de arroz en Caoxieshan y Chuodun, demostrando la importancia de este cultivo. La etapa terminal de Majiabang se considera hoy la fase inicial de la cultura Songze (3800-3300 a. C.), que marcará una mayor complejidad social en la zona.

La cultura Liangzhu: jade, ciudades y estados tempranos

Hacia 3400-2250 a. C. florece en el delta del Yangtsé la cultura Liangzhu, a menudo considerada la última gran cultura neolítica de jade en la región y, para muchos especialistas, una forma temprana de estado altamente estratificado.

En los yacimientos de Liangzhu abundan los objetos de jade, seda, marfil y laca, pero casi exclusivamente en tumbas de élite. Por contraste, la cerámica aparece mayoritariamente en enterramientos comunes. Esta clara división material entre ajuares de ricos y pobres indica la existencia de clases sociales bien marcadas. En el gran asentamiento de Liangzhu, identificado como una “ciudad antigua”, se ha documentado un sistema urbano con murallas de tierra apisonada, un área interior de unas 290 hectáreas, seis puertas, un recinto palacial de unas 30 hectáreas y posibles graneros capaces de almacenar grandes cantidades de arroz.

En el entorno de la ciudad se han hallado restos de un sistema hidráulico muy elaborado, con presas y diques a varios kilómetros al norte que parecen funcionar como defensa contra inundaciones. Las viviendas se sitúan a menudo junto a ríos y zonas de humedal, con casas sobre pilotes y muelles de madera, lo que revela una cultura muy adaptada al agua y a la navegación en embarcaciones pequeñas.

Desde el punto de vista material, la cerámica Liangzhu presenta engobes rojos o negros, pedestales recortados, decoración en espiral y a menudo un acabado fino. Se han detectado técnicas avanzadas de cocción y carburación para conseguir la famosa cerámica negra de “cáscara de huevo” en algunos centros. Las similitudes tecnológicas con la cerámica de Shandong (Longshan) y otros enclaves sugieren intensas redes de intercambio.

Pero si algo define a Liangzhu es su trabajo del jade. Sus artesanos producen enormes cong (prismas cilíndricos perforados), discos bi, hachas ceremoniales y colgantes con motivos de aves y peces, tallados con una precisión que, según estudios recientes, implicó el uso de herramientas abrasivas de dureza extraordinaria, posiblemente incluso diamante. El estilo de Liangzhu influirá en la iconografía ritual del jade durante las edades del Bronce china.

Estudios de ADN en restos humanos de Liangzhu apuntan a frecuentes haplogrupos asociados hoy a poblaciones austronesias y tai-kadai, lo que refuerza la idea de que esta región pudo ser un foco ancestral de poblaciones del sudeste asiático. La cultura Liangzhu desaparece bruscamente hacia 4200 años antes del presente, probablemente por cambios ambientales extremos, inundaciones recurrentes e incluso eventos catastróficos ligados a la formación del lago Taihu. Tras su colapso, no hay continuidad clara en la región durante algún tiempo.

La gran tradición del norte: Yangshao, Hongshan, Dawenkou

Mientras en el sur se consolidaban tradiciones como Hemudu y Liangzhu, en el norte y nordeste se desarrollaban otros complejos culturales igualmente decisivos para la futura civilización china.

La cultura Yangshao (ca. 5000-3000 a. C.), descubierta en 1921 en el pueblo de Yangshao (Henan) por Johan Gunnar Andersson, se extiende ampliamente por el valle del río Amarillo. Se caracteriza por aldeas de unas 10-14 hectáreas, casas semisubterráneas de planta rectangular, economía basada en el cultivo de mijo (mijo de escoba y cola de zorro), cría de cerdos y perros, y cerámica fina pintada en blanco, rojo y negro, decorada con motivos geométricos, animales y caras humanas esquematizadas.

Yangshao suele dividirse en tres fases principales: la fase Banpo (5000-4000 a. C.), representada por poblados como Banpo y Jiangzhai cerca de Xi’an; la fase Miaodigou (4000-3500 a. C.), con una expansión de la cultura y una mayor jerarquía de asentamientos; y una fase tardía (3500-3000 a. C.) en la que aparecen las primeras murallas de tierra apisonada (como en Xishan) y una diferenciación creciente en el tamaño de los poblados.

En el noreste, la cultura Hongshan (4700-2900 a. C.) se extiende entre Mongolia Interior y Liaoning, heredera de Xinglongwa y Zhaobaogou. Sus yacimientos han sacado a la luz templos rituales complejos, como el célebre Niuheliang, con estructuras subterráneas de piedra, altares, montículos funerarios y una impresionante “templo de la diosa” con una cabeza femenina de arcilla de tamaño casi humano con ojos de jade. Hongshan es célebre por sus jades zoomorfos, en especial los dragones en forma de C con cabeza de cerdo y cuerpo serpentiforme, que muchos consideran el origen remoto de la iconografía del dragón chino.

En Shandong y regiones adyacentes, la cultura Dawenkou (4100-2600 a. C.) muestra un proceso gradual de complejización social, visible en la evolución de sus ajuares funerarios: de tumbas relativamente igualitarias con copas de tallo largo y tumbas en repisa de tierra, a entierros de élite con ataúdes de madera y grandes cantidades de objetos (cerámica, jade, marfil, turquesa), frente a entierros sin ajuar. Se ha sugerido que los Dawenkou pudieron tener vínculos lingüísticos con pueblos pre-austronesios o con tradiciones del sur, a la vista de rasgos culturales como la avulsión dental o ciertas formas arquitectónicas.

La cultura Majiayao: cerámica pintada, metalurgia temprana y clima

La protagonista del término “cinco mil años de cultura Majiayao” es la cultura Majiayao propiamente dicha, que se desarrolla entre aproximadamente 3300 y 2000 a. C. en la región del alto río Amarillo: este y centro de Gansu, oeste de Gansu-este de Qinghai y norte de Sichuan.

El primer yacimiento representativo fue descubierto en 1924 cerca del pueblo de Majiayao, en el condado de Lintao (Gansu), por el arqueólogo sueco Johan Gunnar Andersson. Inicialmente, Andersson consideró que se trataba de una variante de la cultura Yangshao, debido a similitudes en la cerámica pintada. Sin embargo, los estudios posteriores de Xia Nai y otros especialistas demostraron que Majiayao merece ser reconocida como una cultura diferenciada, bautizada con el nombre de su yacimiento tipo.

Desde un punto de vista evolutivo, Majiayao se entiende como una continuación de la fase media de Miaodigou de Yangshao, a través de una fase intermedia denominada Shilingxia. Tradicionalmente se divide en tres subfases:

  • Fase Majiayao (3300-2500 a. C.)
  • Fase Banshan (2500-2300 a. C.)
  • Fase Machang (2300-2000 a. C.)

En todas ellas sobresale la cerámica pintada de gran calidad, de paredes relativamente finas y decoraciones geométricas negras y rojas sobre fondo claro. Los motivos incluyen espirales, bandas onduladas, triángulos, figuras estilizadas y, en algunos casos, representaciones esquemáticas de seres humanos. Esta tradición cerámica pavimenta el auge de la alfarería pintada en el noroeste de China durante el Neolítico tardío.

Uno de los hallazgos más llamativos vinculados a Majiayao es el objeto de bronce más antiguo conocido en China: un cuchillo hallado en un yacimiento Majiayao en Dongxiang (Gansu), fechado entre 2900 y 2740 a. C. Además de este cuchillo, se han localizado otros objetos de cobre y bronce en yacimientos de la fase Machang en Gansu, lo que indica que en este contexto comienza a experimentarse con la metalurgia del cobre y el bronce antes de su plena expansión al valle medio e inferior del río Amarillo a finales del III milenio a. C.

Los estudios paleoclimáticos de la Universidad de Lanzhou han demostrado que el desarrollo de la cultura Majiayao está estrechamente ligado a fluctuaciones climáticas. Entre hace unos 5830 y 4900 años, el clima en el este de Qinghai y adyacencias era relativamente húmedo, lo que favoreció la expansión y el esplendor de la Majiayao media. Sin embargo, entre 4900 y 4700 años antes del presente se produjeron episodios de sequía en la región, con probable pérdida de productividad agrícola y estrés ambiental. Ese deterioro climático se considera un factor clave en el declive de la cultura Majiayao y en el desplazamiento hacia el este de distintas culturas prehistóricas durante la transición de sus fases temprana-media a la tardía.

Hacia finales del III milenio a. C., la cultura Qijia sucede a Majiayao en varios focos de Gansu y Qinghai. Qijia presenta ya una metalurgia del bronce más clara, un repertorio cerámico distinto y cambios en la organización de los asentamientos, marcando el avance hacia una Edad del Bronce más consolidada en el noroeste.

Otras culturas regionales y la expansión hacia la Edad del Bronce

En paralelo a Majiayao, otras culturas regionales del Neolítico tardío se encaminan hacia formas de complejidad “protocivilizatoria”. La cultura Qujialing (3400-2600 a. C.) y su sucesora Shijiahe (2500-2000 a. C.) en la región media del Yangtsé desarrollan asentamientos densamente poblados, como la ciudad de Shijiahe, un cuadrado casi perfecto de 120 hectáreas que pudo albergar entre 15.000 y 50.000 habitantes. En estos yacimientos aparecen zanjas y murallas, sistemas de canales conectando zonas urbanas con ríos principales y numerosos artefactos de jade, algunos de factura tan refinada que superan incluso a los de Liangzhu y Hongshan.

En el valle medio e inferior del río Amarillo se forman redes de asentamientos que, hacia el final del III milenio a. C., desembocarán en la cultura Erlitou (1900-1350 a. C.), considerada por muchos arqueólogos como el correlato material de la legendaria dinastía Xia. El gran sitio de Erlitou, cerca de Yanshi (Henan), muestra palacios de tierra apisonada, talleres de fundición de bronce, caminos, tumbas ricas y una jerarquía de asentamientos que ya se asemeja a un estado temprano centralizado.

Al mismo tiempo, en Shandong y otras regiones del norte destaca la cultura Longshan (aprox. 3000-2000 a. C.), famosa por su cerámica negra ultra-fina de “cáscara de huevo”, los primeros tornos rápidos de alfarero, murallas de tierra apisonada en numerosos centros y una agricultura muy intensiva basada en el mijo, con presencia también de arroz y trigo en ciertas áreas.

La conjunción de estos procesos -especialización agrícola, concentración poblacional, experimentos metalúrgicos cada vez más complejos, construcción de centros amurallados y rituales cada vez más elaborados con bronce y jade- marca el paso del Neolítico a la Edad del Bronce china. En ese contexto, Majiayao representa el frente occidental de esta transformación, conectando las llanuras del río Amarillo con Gansu, Qinghai y las rutas hacia Asia Central.

El umbral de la historia: Xia, Shang y Zhou

La historiografía china tradicional sitúa el comienzo de la “era histórica” con la dinastía Xia, seguida por Shang y Zhou. Aunque Xia sigue siendo en parte una entidad legendaria -no aparece mencionada en las inscripciones sobre huesos oraculares de Shang y su primera referencia escrita clara es de época Zhou-, el avance arqueológico permite vincular los textos tradicionales con culturas materiales concretas.

La cultura Erlitou, con su gran asentamiento palacial, sus bronces rituales tempranos y su cronología (ca. 1900-1350 a. C.), encaja bastante bien con lo que las fuentes posteriores describen como reino Xia. Yacimientos como Erlitou, sus posibles capitales asociadas y la rápida aparición de centros urbanos en la llanura central refuerzan la idea de que, hacia principios del II milenio a. C., existía ya una entidad política de alto nivel.

La siguiente gran etapa es la dinastía Shang, la primera para la que contamos con escritura sobre soporte duradero (huesos y caparazones oraculares, inscripciones en bronce). Las ruinas de Yin (Anyang, Henan), última capital Shang, han proporcionado once tumbas reales, cimientos de palacios, miles de vasijas de bronce, jade, hueso y cerámica, y decenas de miles de inscripciones oraculares que permiten seguir con detalle las prácticas religiosas, políticas y militares de estos reyes.

Los Shang llevaron la metalurgia del bronce a un nivel técnico extraordinario, especialmente para vasijas rituales (ding, gui, jue, guang, etc.) destinadas a sacrificios y banquetes ancestrales. Trabajaban con aleaciones de cobre, estaño y plomo, moldeadas en moldes de sección, y decoradas con complejos motivos zoomorfos (taotie, dragones, pájaros) y patrones geométricos en relieve. Esta tradición tecnológica recoge y supera los experimentos metalúrgicos anteriores de culturas como Majiayao y Qijia, expandiendo el uso del bronce a gran escala para armas, carros de guerra y objetos de prestigio.

Tras Shang, la dinastía Zhou (a partir de ca. 1046 a. C.) introduce conceptos políticos duraderos como el Mandato del Cielo, que justifica el poder real por su virtud moral y su capacidad de garantizar el orden cósmico y social. Durante el Zhou occidental se consolida un sistema de feudos (fengjian) y una nobleza de rangos (gong, hou, bo, zi, nan), mientras que en el Zhou oriental -períodos de Primaveras y Otoños y de Reinos Combatientes- la autoridad central se descompone, proliferan los estados rivales y se incuban las grandes escuelas filosóficas chinas (confucianismo, taoísmo, mohismo, legalismo, etc.).

Es en esta larga transición, desde las aldeas cerámicas del Neolítico hasta los reinos de bronce inscritos, donde se ubican los “cinco mil años” que suele invocarse al hablar tanto de la civilización china en general como de la cultura Majiayao en particular: un arco temporal que enlaza directamente la cerámica pintada de Gansu con los bronces rituales de Anyang y los textos de Sima Qian.

Vistas en su conjunto, las culturas descritas -Xianren, Nanzhuangtou, Peiligang, Cishan, Pengtoushan, Hemudu, Kuahuqiao, Yangshao, Hongshan, Dawenkou, Liangzhu, Majiayao, Longshan, Erlitou, Shang y Zhou, entre muchas otras- muestran un proceso continuo de innovación y adaptación: cambios climáticos que impulsan desplazamientos y colapsos, nuevas técnicas (cerámica, irrigación, metalurgia), redes de intercambio cada vez más amplias y, sobre todo, la formación de una memoria cultural que los chinos posteriores reinterpretarán a través de mitos como el de Yu el Grande y el Gran Diluvio.

En este panorama, Majiayao no es un capítulo aislado, sino un puente entre las tradiciones cerámicas de Yangshao y las primeras metalurgias de bronce del noroeste, un ejemplo perfecto de cómo comunidades agrícolas de alta montaña, aprovechando momentos de clima benigno, pudieron desarrollar artes tan refinadas como la cerámica pintada que hoy asociamos con esos “cinco mil años de cultura”.