- El ciclo “Cine y Ciencia” une cine de calidad y divulgación científica con proyecciones, coloquios y actividades paralelas en varias ciudades.
- Las distintas ediciones abordan temas como tiempo, agujeros negros, bioética, redes sociales, ecología o fascismo, combinando clásicos y cine contemporáneo.
- Un amplio elenco de científicas y científicos presenta cada película, conectando las tramas con debates actuales en física, biología, antropología, medicina o ética.
- La iniciativa se ha consolidado como un referente cultural que fomenta pensamiento crítico y demuestra que la ciencia es parte esencial del humanismo moderno.

La relación entre cine y ciencia se ha convertido en uno de los grandes motores culturales de nuestro tiempo, un territorio donde las historias en pantalla dialogan de tú a tú con la investigación, la divulgación y el pensamiento crítico. Desde la física de los agujeros negros hasta la bioética, pasando por la antropología, la ecología o las matemáticas, este cruce de caminos permite que el público se acerque a conceptos complejos de una manera mucho más cercana, entretenida y, por qué no, profundamente emotiva.
Dentro de ese contexto destaca el ciclo “Cine y Ciencia” impulsado por la Filmoteca Vasca, el DIPC y el Festival de San Sebastián, que se ha consolidado como un proyecto de referencia en el Estado. Año tras año, el programa crece en sedes, en público y en ambición temática, llevando películas de enorme calidad a ciudades como Donostia / San Sebastián, Bilbao, Vitoria-Gasteiz, Pamplona o Donibane Lohizune, siempre acompañadas de científicas, científicos y especialistas que abren debates apasionantes después de cada sesión.
Origen y filosofía del ciclo Cine y Ciencia
El ciclo “Cine y Ciencia” nace en 2018 como una iniciativa conjunta del Donostia International Physics Center (DIPC), la Filmoteca Vasca y el Festival de San Sebastián (SSIFF), con el propósito de demostrar que la ciencia forma parte central de la cultura contemporánea. Lejos de limitarse a la divulgación académica, el proyecto apuesta por un enfoque humanista: usar el cine como lenguaje universal para contar cómo la ciencia transforma nuestras vidas, nuestra forma de ver el mundo y nuestras preguntas sobre el futuro.
Entre enero y marzo de cada edición, el ciclo programa alrededor de 12 películas que se proyectan en sedes como Tabakalera (Donostia / San Sebastián), el Museo de Bellas Artes de Bilbao (actualmente en Bizkaia Aretoa-Sala Mitxelena de la UPV/EHU), Artium Museoa en Vitoria-Gasteiz, los cines Golem Baiona en Pamplona y Cinéma Le Sélect en Donibane Lohizune. Año a año también se han ido sumando otros espacios, reforzando su carácter de red cultural que conecta ciencia, cine y ciudadanía.
Las proyecciones no llegan solas: cada película va precedida de una presentación a cargo de expertas y expertos en disciplinas como la física, la biología, la medicina, la antropología, la economía o la filosofía. Tras la sesión, los coloquios permiten que el público formule preguntas, contraste ideas y actualice sus conocimientos a la luz de los últimos avances científicos. De este modo, la experiencia va mucho más allá de “ver una película”: se convierte en un foro vivo de debate y aprendizaje.

Una mirada cinematográfica a la ciencia: del tiempo a la ética
Uno de los rasgos distintivos del proyecto es que cada edición de “Cine y Ciencia” se articula en torno a grandes ejes temáticos, que funcionan como hilo conductor entre películas a primera vista muy distintas. Lejos de ser un simple catálogo de títulos “científicos”, el ciclo prioriza obras que permitan una lectura rigurosa, sugerente y, sobre todo, plural de la ciencia y sus implicaciones sociales.
La octava edición, por ejemplo, se construyó alrededor de un concepto clave en la reflexión científica: el tiempo. A partir de ahí, la programación proponía viajar desde la cosmología y los agujeros negros hasta la Segunda Guerra Mundial, pasando por debates sobre la memoria histórica, la investigación médica o los límites del cuerpo humano en condiciones extremas. El tiempo como dimensión física, pero también como experiencia humana, histórica y política.
Además, el ciclo ha ido incorporando progresivamente las ciencias sociales y la reflexión ética a su ADN. Películas sobre fascismo, redes sociales, desigualdad de género en la ciencia o final de la vida conviven con clásicos de la ciencia ficción, documentales sobre pioneras de la música electrónica o historias íntimas donde la investigación científica se mezcla con las emociones más cotidianas.
Esta voluntad de pluralidad se condensa en una idea que se repite a menudo entre sus organizadores: la ciencia aparece donde una la espera… y donde no la espera en absoluto. El cine, por su parte, es capaz de mostrar fenómenos naturales y conflictos sociales con una potencia visual y narrativa que abre puertas a nuevas preguntas. Por eso tantas películas aparentemente “no científicas” encajan de maravilla en esta programación.
El tiempo, los agujeros negros y la aventura científica en pantalla
En la octava edición, el concepto de tiempo se abordó a través de una cuidada selección de títulos que exploraban viajes temporales, multiversos, relatividad y límites fisiológicos. La propia figura de Stephen Hawking aparecía como hilo simbólico de la programación, tanto por su trabajo sobre los agujeros negros como por su enorme impacto cultural.
La película de apertura fue “The Theory of Everything – La teoría del todo” (James Marsh, 2014), centrada en la relación entre Hawking y su primera esposa a lo largo de 25 años. El filme muestra, con un fuerte componente emocional, la convivencia entre la investigación en cosmología, la enfermedad degenerativa del científico y la lucha compartida de la pareja. Tras la proyección, se abría un coloquio donde el público podía preguntar sobre física, discapacidad, resiliencia y divulgación científica.
La programación se completaba con una joya de la ciencia ficción clásica: “The Time Machine – Denboraren makina” (George Pal, 1960), adaptación de la novela de H. G. Wells que introdujo de forma pionera el viaje en el tiempo en la cultura popular, mezclando especulación científica con una crítica política muy clara a las desigualdades sociales. Años más tarde, películas como “Everything Everywhere All at Once – Dena batera leku guztietan” (Daniel Kwan y Daniel Scheinert, 2022) retomarían la idea del multiverso para hablar de familia, identidad y elecciones vitales, abriendo la puerta a reflexionar sobre teorías físicas de los universos múltiples.
La cuestión de los agujeros negros aparecía de manera especialmente intensa en “High Life” (Claire Denis, 2018), donde una misión espacial con experimentos de carácter sexual y reproductivo se dirige hacia uno de estos objetos extremos. En esta película, coescrita con el físico y experto en agujeros negros Jean-Pol Fargeau, se entrelazan las preguntas sobre gravedad extrema con dilemas éticos en torno al uso de cuerpos humanos en experimentos científicos.
El tiempo como límite corporal se abordaba en “Djúpiò – The Deep” (Baltasar Kormákur, 2012), que dramatiza un caso real en el que un marinero islandés sobrevive un tiempo inverosímil en aguas gélidas. Mientras parte de la sociedad quiso explicar el suceso como un “milagro”, la comunidad científica se volcó en estudiar los mecanismos fisiológicos que lo hicieron posible, planteando cuestiones sobre hipótesis, evidencia y sensacionalismo.
También entraba en juego la carrera contrarreloj de la investigación militar durante la Segunda Guerra Mundial con “Kampen om tungvannet – La batalla del agua pesada” (Jean Dréville y Titus Vibe-Müller, 1948), que reconstruye los esfuerzos por sabotear el programa nuclear nazi desde Noruega. Este título, a medio camino entre el cine de aventuras y el relato histórico, invita a debatir sobre responsabilidad científica, armas de destrucción masiva y dilemas morales ligados a la energía nuclear.
Por si fuera poco, el terror también encontraba su hueco con “The Thing – Gauza” (John Carpenter, 1982), ambientada en una base experimental en la Antártida donde un ser extraterrestre capaz de imitar cualquier organismo pone en jaque a un grupo de investigadores. El clásico de Carpenter combina biología, parasitología, climatología extrema y paranoia en un escenario que da muchísimo juego para hablar de método científico, confianza y gestión del riesgo en entornos aislados.
Ciencia, trabajo, memoria y compromiso social
Más allá de la física y la especulación cósmica, el ciclo reserva un espacio importante a películas centradas en la práctica cotidiana de la ciencia, la medicina y la investigación, así como en su impacto social. La idea es mostrar que el trabajo científico no ocurre solo en laboratorios espectaculares o misiones espaciales, sino en consultas médicas de pueblo, pleitos ambientales o decisiones clínicas al final de la vida.
En “Le Théorème de Marguerite – El teorema de Marguerite” (Anna Novion, 2023), la protagonista es una joven matemática brillante que, tras un fracaso académico, debe rehacer su trayectoria profesional y personal. La película permite hablar de presión en la carrera investigadora, género en las ciencias duras, gestión del error y resiliencia, además de ofrecer al público una mirada poco habitual a la creatividad matemática.
La medicina aparece con enorme delicadeza en “La Maladie de Sachs – Las confesiones del doctor Sachs” (Michel Deville, 1999), donde un médico rural dedica tiempo y atención a sus pacientes en un contexto de recursos limitados. El filme, premiado en el Festival de San Sebastián, abre debates sobre la relación médico-paciente, la ética del cuidado, la burocratización de la sanidad y la escucha activa como herramienta clínica esencial.
El compromiso ambiental y jurídico se hace protagonista en “Erin Brockovich” (Steven Soderbergh, 2000), basada en la historia real de una mujer que destapa un grave caso de contaminación del agua por compuestos tóxicos. Más allá del componente feminista y de lucha individual, el ciclo aprovecha esta película para hablar de toxicología, salud pública, regulación medioambiental, acceso a la información y desigualdades de poder entre ciudadanos y grandes corporaciones.
La reflexión política e histórica se refuerza con “Vincere” (Marco Bellocchio, 2009), que se adentra en el ascenso del fascismo y la manipulación de la memoria. Su inclusión marca la entrada explícita de las ciencias sociales en el programa, abriendo la puerta a debates sobre autoritarismo, propaganda, construcción de relatos oficiales y responsabilidad ciudadana. Como recordaba Mark Twain, la historia tal vez no se repite, pero “a menudo rima”, y el ciclo aprovecha estas rimas para activar una mirada crítica sobre el presente.
Clásicos de la ciencia ficción y monstruos con bata de laboratorio
El universo de los clásicos de ciencia ficción y terror ocupa un lugar de honor en “Cine y Ciencia”. No solo por su valor cinematográfico, sino porque muchas de estas obras anticiparon debates que hoy están en plena vigencia: manipulación genética, inteligencia artificial, catástrofes ecológicas, bioética, etcétera. El ciclo los rescata con copias restauradas, presentaciones especializadas y un contexto científico actualizado.
En su recorrido hacia el décimo aniversario, el programa ha ido sumando títulos que casi se habían convertido en una deuda pendiente. Uno de ellos es, sin duda, “Planet of the Apes – El planeta de los simios” (Franklin J. Schaffner, 1968), un clásico subversivo que utiliza una sociedad dominada por simios para hacer preguntas incómodas sobre progreso humano, racismo, totalitarismo y destrucción medioambiental. Como apuntaba Susan Sontag, hay una belleza inquietante en ver en pantalla los estragos y la confusión que nuestra propia especie provoca.
La biología y la metamorfosis se ponen en primer plano en “The Fly – La mosca” (David Cronenberg, 1987), donde un científico se teletransporta accidentalmente junto a una mosca y comienza a transformarse. Esta película permite discutir temas como mutación, límites corporales, experimentación con seres vivos, riesgo tecnológico y ética de la investigación. No es casual que la edición incluya una conferencia específica del biólogo Ginés Morata para ampliar muchas de estas cuestiones con el público.
El humor también tiene su hueco con “The Nutty Professor – Irakasle zoroa” (Jerry Lewis, 1963), una comedia sobre un profesor de química torpe y marginado que desarrolla una poción para convertirse en una versión idealizada y arrogante de sí mismo. Más allá de las risas, el filme sirve para hablar de estereotipos sobre el científico “loco”, autoestima, identidad, riesgo de las sustancias experimentales y representación de la ciencia en la cultura popular.
Entre los monumentos del cine fantástico no podía faltar el universo Frankenstein de James Whale con “Frankenstein – El doctor Frankenstein” (1931) y “The Bride of Frankenstein – La novia de Frankenstein” (1935), programadas en sesión doble. Ambas permiten abordar con enorme riqueza visual debates clásicos y actuales sobre creación de vida artificial, responsabilidad del creador, límites de la experimentación con cuerpos humanos, soledad de las criaturas “anómalas” y miedo social a lo diferente.
El ciclo también presta atención a la animación con “Nausicaä del Valle del Viento – Kaze no Tani no Naushika” (Hayao Miyazaki, 1984), ambientada en un futuro postapocalíptico donde la Tierra está cubierta por bosques tóxicos y criaturas gigantes. Esta obra maestra propone un potente discurso sobre ecología, convivencia entre especies, consecuencias de la guerra y responsabilidades intergeneracionales, siendo además la película encargada de cerrar algunas ediciones y de protagonizar sesiones especiales para escolares.
Lenguaje, redes sociales y música electrónica: ciencia en lo cotidiano
Uno de los grandes aciertos del ciclo es mostrar cómo la ciencia también atraviesa nuestro día a día en ámbitos que a menudo no identificamos como científicos: el lenguaje, las redes sociales, la música, la economía o las emociones. Varias películas recientes se apropian de estos temas para llevar al público a un terreno reconocible y, desde ahí, introducir cuestiones de fondo.
“Haur basatia – L’Enfant sauvage” (François Truffaut, 1970) parte del caso real de un niño encontrado en un bosque francés a finales del siglo XVIII. A través del proceso de educación de ese menor, el filme invita a reflexionar sobre lo que entendemos por “humano”, el papel del entorno social en el desarrollo, la adquisición del lenguaje y la construcción de los afectos. Es una puerta de entrada magnífica a la antropología, la psicología del desarrollo y la neurociencia del aprendizaje.
El presente digital y sus contradicciones se hacen visibles con “The Social Network – Sare soziala” (David Fincher, 2010), que reconstruye el nacimiento de Facebook cuando su creador aún era un estudiante universitario. Más allá del drama personal y empresarial, la película abre debates sobre impacto social de las redes, privacidad, concentración de poder en el mundo tecnológico, arquitectura de los algoritmos y erosión de las relaciones cara a cara.
La música electrónica y su historia oculta aparecen en el documental “Sisters with Transistors” (Lisa Rovner, 2020), narrado por Laurie Anderson. Esta obra rescata el papel visionario de numerosas mujeres que, desde comienzos del siglo XX, inventaron dispositivos, técnicas y estilos fundamentales para la música experimental y electrónica, pero quedaron invisibilizadas en los relatos oficiales. El filme conecta ciencia del sonido, tecnología, género y memoria cultural.
En “La Voie royale” (Frédéric Mermoud, 2023), el foco se sitúa de nuevo en las matemáticas, pero desde la perspectiva de una joven de origen humilde cuyo talento la lleva a una exigente clase preparatoria de ciencias. La película permite al público ver de cerca la presión del sistema educativo, las diferencias de clase en el acceso a estudios de élite y los desafíos que enfrentan las mujeres en trayectorias académicas muy competitivas.
Por su parte, “Sare soziala”, “Sisters with Transistors” y otros títulos se integran a menudo en marcos temáticos como Emakumeak Zientzian, iniciativas que subrayan la importancia de visibilizar a las mujeres en ciencia y tecnología, mostrando que la innovación no es neutra ni ajena a cuestiones de género, idioma o contexto social.
Vida, muerte y dilemas éticos contemporáneos
Con el paso de los años, el ciclo ha ido incorporando de forma cada vez más clara la reflexión en torno a la bioética, el final de la vida y los cuidados, entendiendo que son cuestiones donde ciencia, medicina, derecho y experiencia personal se cruzan constantemente. Estas películas suelen ir acompañadas de mesas redondas y actividades paralelas que amplían la conversación más allá de la sala.
“Los destellos” (Pilar Palomero, 2024) aborda la historia de Isabel, cuya rutina se ve alterada cuando su hija le pide que visite con frecuencia a Ramón, su exmarido enfermo, con quien llevaba quince años sin contacto. La película pone sobre la mesa temas como el acompañamiento al final de la vida, la reaparición de vínculos emocionales, la memoria compartida y el duelo anticipado. El ciclo complementa su proyección con una mesa redonda titulada “El final de la vida: literatura, cine y ciencia”, donde participan la propia directora y el oncólogo Ander Urruticoechea, moderados por la investigadora Itziar Vergara.
La perspectiva antropológica del envejecimiento y la muerte se explora en “Narayama Bushi-ko – La balada de Narayama” (Shohei Imamura, 1983), ambientada en un pueblo donde, según una antigua ley, las personas de 70 años deben abandonar el hogar para vivir -y morir- en la cima de la montaña. Este ritual plantea cuestiones sobre valor social de la vejez, sacrificio, recursos limitados, normas comunitarias y dignidad, que son analizadas en las presentaciones por especialistas en derechos humanos, psicología y antropología.
En paralelo, el ciclo organiza conferencias específicas y charlas divulgativas. Un ejemplo es la intervención del biólogo y Premio Príncipe de Asturias Ginés Morata, que ofrece una ponencia en Tabakalera coincidiendo con la proyección de “La mosca”, profundizando en genética, desarrollo y arquitectura biológica a partir del caso de la mosca Drosophila melanogaster.
Estas actividades paralelas tienen acceso gratuito hasta completar aforo y se han convertido en uno de los grandes atractivos del programa, ya que permiten escuchar de primera mano a científicas y científicos de prestigio internacional que enlazan las tramas de las películas con su propia práctica investigadora y con debates actuales en bioética, clínica o políticas públicas.
La novena edición: pluralidad temática y expansión territorial
La novena edición del ciclo “Cine y Ciencia” regresa para seguir explorando grandes preguntas científicas y humanísticas, manteniendo el mismo espíritu con el que nació pero ampliando perspectiva y alcance. El programa se despliega en sus sedes habituales de Gasteiz, Donostia, Bilbao, Iruñea y Donibane Lohizune, reforzando una red de complicidades entre museos, filmotecas, cines comerciales y centros de investigación.
En la rueda de prensa de presentación, celebrada en Tabakalera, participaron representantes institucionales como Ibone Bengoetxea (vicelehendakari primera y consejera de Cultura y Política Lingüística), Juan Ignacio Pérez Iglesias (consejero de Ciencia, Universidades e Innovación), Joxean Fernández (director de la Filmoteca Vasca) y Ricardo Díez Muiño (director del DIPC), además de figuras clave del ecosistema cultural como Pedro Miguel Etxenike, Miguel Zugaza, Maialen Beloki, Beatriz Herráez y Edurne Ormazabal.
En sus intervenciones se subrayó la idea de que cultura y ciencia son herramientas de cohesión social, fundamentales para construir conocimiento compartido, pensamiento crítico y valores comunes. También se insistió en que el cine facilita que la ciencia adquiera un lenguaje accesible, cercano y comprensible, convirtiéndose en una herramienta poderosa de transformación social.
El director del DIPC, Díez Muiño, destacó que las películas elegidas funcionan como espejo y detonante de muchas de las inquietudes, utopías y distopías que emergen ante los avances científicos y tecnológicos. A su vez, Joxean Fernández recordó que el espíritu del ciclo se mantiene intacto: mostrar la belleza de la ciencia a través del lenguaje cinematográfico, y usar la universalidad del pensamiento científico para iluminar las imágenes en movimiento que nos conmueven desde la pantalla.
El resultado es un programa que defienden como “una celebración del arte y del conocimiento”, en el que se exige calidad cinematográfica al mismo tiempo que se busca que las obras admitan una mirada científica estimulante. Con más de 5.600 espectadores en el año 2024 y una expansión ya consolidada a cinco ciudades, el ciclo se ha convertido en cita ineludible para cinéfilos y amantes de la ciencia… que afortunadamente, en muchos casos, son la misma persona.
Programación detallada: cine, ciencia y debates abiertos
La estructura de las sesiones suele concentrarse en los miércoles de enero, febrero y marzo a las 19:00 horas, con precios muy asequibles (entrada general en torno a 3,5 €, tarifas reducidas para amigas y amigos de Artium Museoa y entrada gratuita en algunos casos para menores de 25 años). Las entradas se pueden adquirir en las taquillas físicas de las sedes y en sus páginas web, mientras que las charlas y mesas redondas paralelas suelen tener acceso libre.
Entre los títulos destacados que se proyectan a lo largo de la novena edición en Artium Museoa se encuentran:
“Planet of the Apes – El planeta de los simios” (Franklin J. Schaffner, 1968). Un astronauta llega a un planeta aparentemente desconocido donde los simios dominan y los humanos son tratados como seres inferiores. Presentada por el físico de partículas Juan José Gómez Cadenas en algunas sedes y por Pedro Miguel Etxenike en otras, la película abre debates sobre evolución, poder, racismo, ruina ecológica y uso de la ciencia con fines de dominación.
“L’Enfant sauvage – Haur basatia” (François Truffaut, 1970). La historia real del “niño salvaje de Aveyron”, un caso clave para estudiar el desarrollo del lenguaje y la socialización. La presentación corre a cargo de especialistas en neurociencia y trastornos del desarrollo, que conectan el relato con las investigaciones actuales sobre plasticidad cerebral y aprendizaje.
“The Social Network – Sare soziala” (David Fincher, 2010). A caballo entre cine judicial y drama de ambición juvenil, muestra el nacimiento de Facebook en un dormitorio universitario y su acelerado crecimiento global. Los coloquios a su alrededor ponen el foco en ética de los algoritmos, gobernanza de datos, impacto psicológico de las redes y nuevas formas de poder económico.
“The Birds – Los pájaros” (Alfred Hitchcock, 1963). A partir de una anécdota aparentemente trivial -una mujer que viaja a un pequeño pueblo costero-, el filme desencadena una serie de ataques inexplicables de aves contra humanos. Científicos y divulgadores analizan las múltiples lecturas posibles: comportamiento animal, cambios ambientales, miedo colectivo y fragilidad del equilibrio ecológico.
La selección se completa con “Sisters with Transistors” (mujeres pioneras de la música electrónica), “The Fly – La mosca” (experimentos de teletransportación y metamorfosis corporal), “The Nutty Professor – Irakasle zoroa” (estereotipos del científico y química delirante), “La Voie royale” (matemáticas y ascenso social), “Los destellos” (acompañamiento en la enfermedad), “The Third Man – Hirugarren gizona” (posguerra, penicilina, corrupción), “Narayama Bushi-ko – La balada de Narayama” (vejez y normas comunitarias) y “Nausicaä del Valle del Viento – Kaze No Tani No Naushika” (futuro tóxico, hongos venenosos e insectos mutantes gigantes).
En paralelo, otras sedes proyectan películas como “Gorillas in the Mist – Gorilas en la niebla”, centrada en la vida y trabajo de la primatóloga y conservacionista Dian Fossey, o títulos vinculados a la relatividad general y las ondas gravitacionales como “Interstellar”, que en ediciones anteriores sirvieron para celebrar hitos científicos recientes.
Una red de especialistas al servicio de la divulgación
Una de las mayores fortalezas de “Cine y Ciencia” es el extraordinario plantel de científicas, científicos y especialistas que participan en las presentaciones. Sus trayectorias abarcan desde la física teórica a la antropología social, pasando por la biología molecular, la economía aplicada, la filosofía, la ecología o el derecho.
Entre los nombres que han pasado por el ciclo se encuentran figuras tan destacadas como Pedro Miguel Etxenike, María Martinón, Maria Blasco, Rafael Rebolo o Juan Ignacio Cirac, que aportan su experiencia internacional y su vocación divulgadora a los coloquios con el público. A ellos se suman investigadoras e investigadores de centros como el DIPC, la UPV/EHU, el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL), Biogipuzkoa o la Universidad Pública de Navarra.
En la novena edición, por ejemplo, participan perfiles como Amaia Carrión-Castillo (neurociencia educativa y trastornos del desarrollo), Antonio Casado da Rocha (filosofía de los valores y antropología social), Gabriel Berasategui (biólogo), Mónica Bello (historiadora del arte y exdirectora de Arts at CERN), Lorea Argarate (tecnóloga, divulgadora y música), Ginés Morata (biólogo y Premio Princesa de Asturias), Beatriz Díaz (entomóloga), Xabier López (químico y asociado del DIPC), Eva Ferreira (economista y matemática), Ander Urrutikoetxea (oncólogo), Pilar Palomero (directora de cine), Itziar Alkorta (bioquímica), María Jesús Goikoetxea Iturregi (derechos humanos), Aitzpea Leizaola (antropología social), Ibone Ametzaga (ecología) o Bosco Imbert (ecólogo).
Gracias a esta red, cada sesión se convierte en un espacio en el que la ficción se cruza con la realidad de la investigación: los ponentes relacionan escenas concretas con experimentos, teorías o controversias actuales, corrigen licencias artísticas cuando hace falta y aprovechan la potencia narrativa del cine para explicar mejor su campo de trabajo. En muchas ocasiones, el público sale de la sala con nuevas preguntas y una curiosidad renovada por saber más.
A lo largo de sus primeras seis ediciones, el ciclo ha acumulado alrededor de cuarenta y cinco proyecciones con sus correspondientes debates, consolidando una comunidad de espectadores fieles que valoran tanto el placer de descubrir o revisitar grandes películas como la oportunidad de escuchar a especialistas de primer nivel. Esa combinación de rigor, cercanía y pasión cinéfila es, probablemente, el secreto de su éxito.
Todo este entramado demuestra que cine y ciencia forman hoy una alianza cultural de primer orden: las películas ofrecen imágenes y relatos que hacen tangible la complejidad del mundo, mientras que la ciencia aporta herramientas para entender mejor lo que hay detrás de esos relatos. Al final, lo que se construye en cada edición de “Cine y Ciencia” es un espacio compartido donde el público puede disfrutar, aprender, hacerse preguntas incómodas y comprobar, como decía Leonardo da Vinci, que todo está conectado con todo lo demás.




