- El Dolmen de Santa Cruz, bajo la capilla homónima en Cangas de Onís, combina un túmulo y cámara neolítica (ca. 3000 a. C.) con un templo altomedieval (737 d. C.).
- Su arte parietal destaca por pintura roja, piqueteado e incisiones, con una cabecera monumental y motivos geométricos únicos en el ámbito cantábrico.
- Otros megalitos cercanos, como el Dolmen de Mián y el de Entrerríos/Filadoira, completan el panorama del megalitismo en el oriente asturiano.
Situado en un entorno privilegiado entre los ríos Sella y Güeña, el dolmen más emblemático del oriente asturiano emerge como un puente entre la Prehistoria y la Edad Media. Bajo la actual Capilla de la Santa Cruz, en Cangas de Onís, se esconde una cámara megalítica excepcional por su arquitectura, por su decoración y por la historia que ha ido sumando desde hace milenios. En un mismo lugar conviven el lenguaje simbólico neolítico y el devenir de un templo altomedieval, un diálogo único que convierte a este enclave en una visita imprescindible.
En estas líneas encontrarás una panorámica completa: origen, función ritual, arquitectura, arte parietal, excavaciones y visita al dolmen ubicado en la capilla; además, te proponemos acercarte a otros megalitos cercanos —como el Dolmen de Mián o el de Entrerríos/Filadoira— para entender el megalitismo en el oriente de Asturias dentro de su paisaje cultural. Añadimos, también, datos prácticos, referencias históricas y pequeñas pinceladas sobre la comarca, para que la experiencia sea tan clara como enriquecedora.
El Dolmen de Santa Cruz: ubicación y contexto

El Dolmen de la Santa Cruz se emplaza en el barrio de Contranquil (Cangas de Onís), en la llanura formada por la confluencia de los ríos Güeña y Sella. La cámara funeraria se conserva bajo el túmulo sobre el que se alza la capilla actual, un caso singular dentro del paisaje megalítico cantábrico, donde lo habitual son asentamientos en collados y cumbres. La elección de este fondo de valle no parece casual: aquí confluyen desde antiguo caminos que conectan la costa con la montaña y el corredor prelitoral con el oriente asturiano.
Esta posición estratégica refuerza el carácter del lugar como cabecera comarcal y punto de encuentro. En esencia, el montículo artificial que cubre el dolmen consolidó un hito territorial y social, una referencia visible que organizaba el espacio y la memoria comunal. El enclave, por tanto, no fue sólo un sepulcro; fue un símbolo de cohesión y permanencia.
Origen neolítico y función social
El registro arqueológico de la zona es amplio y antiguo. En la cercana Cueva de los Azules hubo ocupaciones paleolíticas (magdalenienses) y, más tarde, epipaleolíticas; se conoce incluso una tumba de época aziliense a la entrada de la cueva, una de las más antiguas del norte peninsular. Tras ese horizonte, el foco vuelve a encenderse en el Neolítico, cuando comunidades de pastores y agricultores levantan el túmulo y la cámara que hoy identificamos como dolmen.
La construcción del monumento, datada en torno al 3000 a. C., responde a la necesidad de fijar un referente central para la comunidad: un panteón compartido para ceremonias, memoria de ancestros e intercambio social y económico. Este tipo de arquitecturas megalíticas —dólmenes, túmulos y círculos líticos— hablan de territorios que se humanizan, de bosques aclarados, de rutas que se afianzan y de identidades que se encarnan en piedra.
Arquitectura de la cámara y detalles constructivos
La cámara dolménica presenta planta poligonal y una abertura orientada al este que permitía el acceso lateral. Su altura supera los tres metros, lo que favorecía la realización de rituales en el interior, con espacio suficiente para permanecer erguido y desarrollar ceremonias de depósito y manipulación de los cuerpos. La estructura se compone de cinco losas principales u ortostatos y otras dos de menor tamaño, trabajadas con un grado variable de esmero.
Destaca el ortostato de cabecera, una laja rectangular cuidadosamente labrada de aproximadamente 2,25 m de altura, que organiza la escena visual desde el acceso. Otros bloques muestran arreglos singulares: junto a la cabecera aparece uno con tendencia semicircular en el borde superior; en el lado opuesto se aprecia una concavidad que culmina en un hoyo troncocónico profundo, posiblemente el encaje de un elemento perdido o cazoleta para ofrendas. El túmulo que envolvía la cámara se construyó con arena y cantos rodados de los ríos cercanos, en una obra de ingeniería tan sobria como eficaz.
Arte parietal: pintura roja, piqueteado y grabados
El conjunto sobresale por su programa decorativo. Las paredes de la cámara presentan pintura de tono rojo predominante —con negro testimonial—, zonas piqueteadas y trazos incisos. La cabecera, visible desde la abertura oriental, concentra buena parte del protagonismo: se reconocen líneas quebradas que se enfrentan, bandas y series de triángulos rojos a modo de cenefas en los márgenes.
Una segunda fase de trabajo a base de piqueteado refuerza esas composiciones, a veces superponiéndose a los motivos cromáticos. En el costado norte quedan vestigios de zigzags rojos, hoy muy desvaídos; en el lado sur, sobre un ortostato, ciertos grabados lineales pueden aludir a hachas enmangadas, símbolo con fuerte carga ritual y de prestigio en ambientes megalíticos.
En el interior del túmulo se documentó el hallazgo de un hacha de fibrolita, pieza notable que encaja en esa tradición simbólica de poder, riqueza o amuleto protector. En conjunto, el repertorio geométrico y técnico —pintura, piqueteado e incisiones— forma una coreografía funeraria compleja, menos interesada en decorar por decorar que en sostener un relato ritual sobre la muerte, los antepasados y la identidad del grupo.
De la Prehistoria a la Alta Edad Media
El prestigio del lugar sobrevivió a su tiempo. En el año 737 d. C., Favila, sucesor de Don Pelayo, mandó levantar un templo en honor de la Santa Cruz sobre el túmulo prehistórico. No parece un capricho: las élites del incipiente Reino de Asturias buscaban, para legitimar su poder, apoyarse en símbolos y enclaves sagrados de raigambre remota. La capilla asociaría su culto a recuerdos de gran peso para la comunidad, y la tradición sitúa aquí la custodia de la Cruz de la Victoria durante siglos.
Las fuentes de la Edad Moderna recogen noticias del lugar. En 1572, Ambrosio de Morales mencionó una cripta con la tumba de Favila y, poco después, el Padre Carvallo aludió a la extracción de tierra considerada santa por los fieles. Aquel hueco era en realidad la cámara dolménica, que sería identificada con claridad tras las excavaciones dirigidas por Antonio Cortés en 1851. El culto se había interrumpido ya en 1808, con la invasión napoleónica.
El templo que perduró hasta 1936 era una construcción del siglo XVII (1632) que sustituyó a la primitiva capilla altomedieval. Durante la Guerra Civil fue destruido y se reconstruyó en la posguerra con inspiración barroca tradicional, perviviendo la singularidad del conjunto: un monumento neolítico preservado en el corazón de un edificio cristiano. El dolmen y su capilla se inscriben, además, en la protección patrimonial española desde 1931 como monumento histórico-artístico.
Visita práctica al dolmen
El dolmen se encuentra en el interior de la Capilla de la Santa Cruz, en el barrio de Contranquil (Cangas de Onís). Para información y reservas, la referencia más directa es la Oficina de Turismo de Cangas de Onís, teléfono 985 848 005. Al estar integrado en un espacio de culto y custodia, la visita suele organizarse con control de acceso y, en ocasiones, mediante explicación guiada.
Cómo llegar no tiene pérdida desde el centro urbano: la capilla está próxima a los principales viales locales y a la vega fluvial. Conviene consultar horarios actualizados en la oficina turística antes de planificar la visita, especialmente en temporada alta o en días festivos. La dirección postal de referencia municipal es 33550, Calle Constantino González, 7, Cangas de Onís (Principado de Asturias).
Quien busque explorar a fondo el patrimonio comarcal puede combinar la visita al dolmen con otros atractivos cercanos: Picos de Europa (Parque Nacional y Reserva de la Biosfera), las cuevas con arte rupestre y la oferta cultural del municipio. Es una oportunidad de oro para entender el oriente asturiano como un mosaico de paisajes, rutas históricas y memoria prehistórica viva.
Otros dólmenes del oriente de Asturias
Dolmen de Mián (Sames, Amieva)
En la parroquia de Mián, en Sames (concejo de Amieva), se localizó en la segunda mitad del siglo XIX un dolmen próximo a la iglesia de Santa María, conocido como Dolmen de Mián. El megalitismo aquí, como en todo el entorno cantábrico, se interpreta como una expresión funeraria, simbólica, religiosa y territorial de sociedades agroganaderas camino de la sedentarización.
Del ajuar del sepulcro se conserva memoria de dos hachas pulimentadas depositadas en el Museo Arqueológico de Asturias (Oviedo). Aunque el monumento no ofrece hoy la potencia visual del de Santa Cruz, su documentación refuerza el mapa megalítico del oriente asturiano y ayuda a encajar piezas del puzle territorial de la Prehistoria reciente.
Datos de su contexto administrativo: pertenece al Principado de Asturias, provincia de Asturias, municipio de Amieva, parroquia de Mián, entidad de Sames y código postal 33558. Se integra de pleno en la comarca del Oriente de Asturias, un espacio donde dólmenes y túmulos conviven con desfiladeros fluviales, ganadería de montaña y un patrimonio etnográfico notable.
Dolmen de la Piedra de Filadoira o de Entrerríos (Sierra de Entrerríos)
Conocido también como Dolmen de Barandón o de Entrerríos, este monumento sobresale por su monumentalidad. La tradición oral cuenta que la gran losa de cubierta la transportó una anciana hilandera sobre su cabeza mientras no dejaba de hilar, desde San Roque hasta la sierra de Entrerríos, aunque dejando la leyenda a un lado, lo arqueológico es más que elocuente.
La necrópolis de Entrerríos está compuesta por cinco túmulos, uno de ellos con una cámara de planta poligonal. Del lado norte han desaparecido los ortostatos que cerraban el recinto, y al este se adivina la entrada a través de un corredor apenas iniciado, con dos bloques paralelos que conducen a una cámara amplia, rematada en su día por un gran bloque de cobertura.
Acceso y ruta: la pista asciende hacia la ermita de San Roque, con inicio unos 300 m antes del pueblo. Son 1,5 km de pista en buen estado, apta para turismos, hasta la ermita (760 m). Desde allí, se continúa a pie por una traza directa que desemboca en un buen camino transversal tras dejar atrás la pineda. Se gira a la derecha hacia los collados intermedios entre Carondio y San Roque: campa El Campillín y campa Entrerríos, a menos de diez minutos entre sí y separados por una pequeña loma.
El itinerario ofrece vistas a Navedo y Herías. El camino vira a la izquierda por encima de una cabaña deteriorada hasta la fuente del Penedo Redondo, junto a otra casería. En cinco minutos se alcanza el primer collado, campa El Campillín (928 m), unos 40 minutos desde la ermita; se toma el sendero a la derecha (hacia oriente) hasta campa Entrerríos (925 m), donde el dolmen aparece cercado por una valla de madera. Desnivel acumulado: 165 m. Tiempo estimado: alrededor de 50 minutos desde la ermita. La visita es libre.
Cangas de Onís y el marco comarcal
Cangas de Onís entra en la Historia con la victoria de Pelayo y sus hombres frente a las tropas de Alkama en Covadonga (siglo VIII), un episodio que la tradición identifica con el inicio del Reino de Asturias. La ocupación humana es, sin embargo, mucho más antigua, como evidencian yacimientos del Paleolítico superior (cuevas de El Buxu y de los Azules), ambas declaradas Bien de Interés Cultural.
Dentro del concejo sobresale un repertorio patrimonial que combina bienes culturales, monumentos y arquitectura tradicional, así como distinciones y redes de promoción. El paisaje protegido de Picos de Europa —Parque Nacional y Reserva de la Biosfera— enmarca un territorio con fuertes contrastes entre la vega fluvial, los valles y las altas cumbres.
La comarca del Oriente de Asturias se presenta, en palabras populares, como la tierra que primero ve el sol en la región. La conforman los concejos de Amieva, Cabrales, Cangas de Onís, Caravia, Llanes, Onís, Parres, Peñamellera Alta, Peñamellera Baja, Piloña, Ponga, Ribadedeva y Ribadesella. Es un gran anfiteatro natural en torno a los Picos de Europa, con costa, montañas, ríos y una densa herencia cultural.
Para completar la experiencia arqueológica, tres cuevas con arte rupestre poseen la declaración de Patrimonio Mundial de la UNESCO: El Pindal, Tito Bustillo y Covaciella. Las dos primeras se pueden visitar directamente, mientras que en Carreña (Cabrales) hay una exposición con la réplica de Covaciella. Además, existe una ruta comarcal que parte de Pimiango y concluye en Puertas de Vidiago, atravesando los valles orientales y poblaciones como El Mazo, Carreña, Avín, Cardes, Cangas de Onís y Ribadesella, planteada para hacerse en tres días.
Protección, estudios y referencias históricas
El conjunto de la Santa Cruz —dolmen y capilla— cuenta con reconocimiento patrimonial desde 1931 como monumento histórico-artístico. A lo largo del tiempo, distintos estudios y excavaciones han ampliado el conocimiento sobre su arquitectura y programa simbólico, desde la intervención de Antonio Cortés en 1851 hasta trabajos y guías divulgativas posteriores.
Entre las voces expertas destaca el profesor asturiano Miguel Ángel de Blas Cortina, prehistoriador y director de numerosas campañas, autor de una guía de visita centrada en el dolmen de Cangas de Onís que profundiza en su lectura arqueológica, su arte parietal y su inserción en el paisaje. En el ámbito institucional, la administración autonómica ha difundido información sobre el monumento y la arqueología y civilizaciones antiguas, igual que distintas referencias documentales han recogido disposiciones de conservación en boletines oficiales.
Claves para interpretar el monumento
La colocación de la cabecera, la orientación hacia el este y el cuidado de ciertos ortostatos sugieren una escenografía funeraria premeditada. La vista desde el acceso privilegia la laja de cabecera, ricamente organizada con bandas, quiebros y triángulos, mientras el resto de la cámara acompaña esa escena central con trazos rojos, piqueteado e incisiones.
El hoyo troncocónico tallado en uno de los ortostatos abre la puerta a interpretaciones: encaje arquitectónico u ofrenda, quizá ambos en tiempos distintos. El hallazgo del hacha de fibrolita encaja con el repertorio simbólico de las hachas de prestigio, mediadoras de poder o virilidad, y con su valor como amuleto en el tránsito funerario.
Los paralelos del arte megalítico pintado se encuentran en el occidente ibérico —Galicia y norte de Portugal—, un dato que subraya la singularidad de Santa Cruz dentro del Cantábrico. Pintar un dolmen aquí no es lo común, de ahí el relieve de este testimonio, que combina técnicas (pintura, grabado, piqueteado) y una abstracción geométrica de gran fuerza expresiva.
Información complementaria útil
Teléfono de contacto (Oficina de Turismo de Cangas de Onís): 985 848 005. Se recomienda confirmar la disponibilidad de visitas guiadas y condiciones de acceso a la capilla antes de desplazarse. Para cuestiones municipales, la dirección postal de referencia es 33550, Calle Constantino González, 7, Cangas de Onís (Asturias).
Quien desee ampliar la escapada puede trazar un itinerario que enlace Cangas de Onís con otras localidades del oriente: Ribadesella, Llanes y los valles interiores. La red de comunicaciones facilita ese recorrido entre mar y montaña, con múltiples opciones para combinar patrimonio arqueológico, románico, etnografía y gastronomía local.
Todo lo descrito en este artículo se apoya en las fuentes históricas y documentales vinculadas al dolmen y su capilla, así como en las síntesis divulgativas de expertos y administraciones públicas. La solidez de esos materiales, sumada a la evidencia visible en el monumento, ayuda a interpretar un lugar excepcional donde la memoria ancestral late bajo una iglesia que, a su vez, encarna otra época de la historia asturiana.
Visitar el dolmen de la Santa Cruz constituye un viaje circular: de la Prehistoria a la Edad Media y retorno al presente, con una cámara que aún habla a través de la piedra y del color rojo que sobrevive en la penumbra. Si tras la visita te animas a seguir la pista del megalitismo oriental —Mián, Entrerríos—, comprobarás cómo estas arquitecturas funerarias componen un mapa de territorios, creencias y rutas que, pese al tiempo, siguen conectando personas y paisajes.



