- Las supersticiones son respuestas irracionales ante la incertidumbre y el estrés en situaciones incontrolables.
- Muchos de los rituales actuales provienen de raíces bíblicas, mitología nórdica y costumbres de la Edad Media.
- Existen creencias arraigadas que dividen la fortuna en augurios positivos y señales de mala suerte.
Seguro que te ha pasado: vas caminando tranquilamente y, de repente, te cruzas con un gato negro. Aunque te consideres una persona moderna y racional, ese pequeño reparo inevitable aparece en tu mente, haciéndote dudar de si el resto del día será un desastre. Estas creencias están tan metidas en nuestro inconsciente que las ejecutamos casi como un acto reflejo, sin detenernos a pensar si tienen sentido o no.
Desde un punto de vista más técnico, podemos decir que las supersticiones son ideas irracionales donde creemos que un objeto o una acción, sin tener una relación lógica con la realidad, puede cambiar el rumbo de nuestra vida. Básicamente, se alimentan de la incertidumbre y el estrés que sentimos cuando nos enfrentamos a situaciones que no podemos controlar, ya sea en el trabajo, en los estudios o en el deporte.
Mala suerte: El miedo al número 13 y el viernes
El estigma del viernes 13 es probablemente el más famoso de todos. Se dice que el número 12 es la cifra de la perfección en muchas culturas, por lo que añadir uno más rompe ese equilibrio y genera caos. En el ámbito bíblico, se cuenta que Judas era el decimotercer invitado en la Última Cena, y se asocia el viernes con la crucifixión de Jesús.
Pero no todo es religión; la mitología y sus tradiciones también tienen su parte. Loki, el dios de las travesuras, se coló como el invitado número trece en un banquete en el Valhalla, provocando que el evento terminara en tragedia y anunciando el ocaso de los dioses. Además, en los Estados Unidos del siglo XIX, era costumbre realizar las ejecuciones los viernes. De hecho, existe un término médico para quienes sufren este miedo: la friggatriskaidekaphobia.
Rituales y señales de mal agüero
Hay gestos que repetimos sin pensar, como el miedo a derramar sal sobre la mesa. Antiguamente, la sal era un símbolo de amistad eterna, por lo que tirarla significaba que esa relación se iba a romper. También se dice que Judas derramó sal durante la cena, vinculando el acto con la traición y la desgracia.
Pasar por debajo de una escalera es otro clásico. Para el cristianismo, la forma triangular que se crea al apoyar una escalera contra la pared representa la Santísima Trinidad, y atravesarla se consideraba una forma de profanar ese símbolo sagrado. En cuanto a los espejos, romper uno traería siete años de mala suerte. Esto viene de los romanos, que creían que el alma se regeneraba cada siete años, y de la antigua idea de que el espejo era un reflejo literal del espíritu.
No podemos olvidar a los gatos negros. En la Edad Media, la Inquisición los asociaba con las brujas, quienes supuestamente volaban en escobas acompañadas de estos animales. Como muchas mujeres mayores alimentaban a los gatos callejeros, ambos terminaron siendo perseguidos y demonizados por la sociedad de la época.
Buscando la fortuna: Supersticiones positivas
No todo es terror; también tenemos trucos para atraer la suerte. Por ejemplo, cruzar los dedos tiene un origen jurídico curioso. Según la Ley de Moisés, los jueces debían pedir la piedad de Dios al dictar sentencia. Como muchos no se sentían capaces de juzgar el alma ajena, cruzaban los dedos para imitar la Cruz de Cristo y delegar la responsabilidad en Dios.
Tocar madera es otra costumbre muy extendida. Algunos creen que los árboles eran la morada de hadas y duendes, y que al golpear la madera se les llamaba para obtener su favor. Otros, siguiendo la línea cristiana, asocian este gesto con tocar la cruz de madera de Jesús para pedir su auxilio.
Otras acciones comunes para atraer la buena suerte incluyen:
- Soplar una pestaña para que se cumpla un deseo.
- Tener una herradura en la puerta de casa.
- Soplar todas las velas de cumpleaños de un solo tirón.
- Empezar el día con el pie derecho, un ritual que imitaba a los sacerdotes al subir al altar durante la misa.
Curiosidades y creencias olvidadas
Existen supersticiones que han quedado en el olvido o que son muy específicas de ciertos entornos. En el campo, se temía al ulular del búho, conociendo las diferencias entre búhos y lechuzas, o al canto del gallo a horas extrañas, mientras que en la navegación era pecado cortarse las uñas o el pelo durante el viaje.
También hubo creencias con un sesgo machista muy fuerte. Por ejemplo, se pensaba que la presencia de una mujer a bordo de un barco era sinónimo de tragedia, o que la menstruación femenina podía arruinar la fermentación del vino, una idea que ya mencionaba Plinio el Viejo.
En definitiva, estas creencias forman parte de nuestra herencia cultural y nos ayudan a gestionar el miedo a lo desconocido. Ya sea por razones religiosas, mitológicas o puramente sociales, seguimos repitiendo estos patrones que, aunque carezcan de base científica, nos dan una sensación de control sobre el destino y las circunstancias de nuestra vida diaria.

