- Estructura en 24 cantos: Telemaquia, retorno y venganza con métrica de hexámetro dactílico.
- Trama completa: del cautiverio en Calipso al reconocimiento en Ítaca y la paz impuesta por Atenea.
- Temas clave: viaje, hogar, fidelidad, astucia (mētis) e intervención divina.

La Odisea es una de esas obras que, aún sin haberla leído entera, todos reconocemos. Su huella recorre la literatura occidental desde hace siglos, desde la Antigüedad hasta hoy, y su mezcla de aventuras, astucia y añoranza del hogar sigue resultando poderosamente humana. Atribuida a Homero y compuesta en griego antiguo, se sitúa en el corazón del ciclo troyano, como el gran relato del retorno.
Más allá del mito, lo que fascina es su engranaje: la narración arranca in medias res, el héroe no es solo fuerza sino mētis, esa astucia que le permite salir de apuros, y los dioses intervienen continuamente en el destino de los mortales. En estas líneas vas a encontrar el contexto, la estructura, un recorrido canto a canto por la trama, los temas clave, los personajes, sus principales traducciones en español y su influencia en literatura, música, cine, televisión y teatro.
Qué es la Odisea y dónde encaja
La Odisea (en griego antiguo Ὀδύσσεια, Odýsseia; en latín Odyssea) es un poema épico en 24 cantos que forma parte del ciclo troyano. Dentro de ese conjunto se la vincula tradicionalmente con los «Regresos» (Nóstoi) y con la Telegonía, obras que completan el panorama de lo que ocurre tras la caída de Troya.
Se compuso en lo que se conoce como dialecto homérico y, según la mayoría de especialistas, su fijación escrita tuvo lugar entre los siglos VIII y VII a. C., probablemente en los asentamientos griegos de la costa occidental de Asia Menor (la actual Turquía asiática). Durante mucho tiempo fue transmitida de manera oral por aedos, con memorias que podían variar detalles consciente o inconscientemente.
Autoría, transmisión y métrica
Tradicionalmente se atribuye a Homero, el mismo poeta al que se le adjudica la Ilíada. Sobre su identidad hay debate (la «cuestión homérica»), pero todos coinciden en el peso de la tradición oral en su imaginario. En el siglo XIX, Heinrich Schliemann aportó pruebas arqueológicas de civilizaciones afines a lo descrito por los poemas, abriendo un debate que no se ha cerrado del todo.
Con la llegada del alfabeto, ambas epopeyas pudieron transcribirse (ya en el siglo IX a. C. se considera plausible la copia), si bien la datación dominante sitúa la Odisea en el siglo VIII a. C.. El testimonio crítico más antiguo conservado es la edición de Aristarco de Samotracia (siglo II a. C.), que fue clave en la fijación del texto.
La composición métrica emplea el hexámetro dactílico: cada verso consta de seis pies, mayoritariamente dáctilos (— ∪ ∪), con posibilidades de espondeos (— —), y el último pie puede resolverse como espondeo o troqueo. El ritmo se articula mediante cesuras, que organizan la respiración y la musicalidad de la recitación.
Estructura general y punto de partida
La obra está dividida en 24 cantos y, como muchos poemas épicos, comienza in medias res: el héroe ya lleva años lejos de casa y nosotros vamos conociendo lo ocurrido a través de sus relatos. La narración se ordena en tres grandes bloques: Telemaquia (I–IV), el regreso de Odiseo (V–XII) y la venganza (XIII–XXIV).
El núcleo temático es el nostos, el regreso a Ítaca de Odiseo (Ulises, en versión latina), que tras pasar diez años luchando en Troya invierte otros diez en volver. Mientras tanto, su esposa Penélope y su hijo Telémaco aguantan en palacio el asedio de pretendientes codiciosos que consumen sus bienes y presionan para desposarla.
Argumento por bloques narrativos
Para que no se nos escape nada, recorremos la trama con detalle, integrando episodios y motivos tal y como aparecen en los cantos indicados en las fuentes. Verás nombres y lugares clave de la secuencia.
Telemaquia (Cantos I–IV)
Todo arranca con el concilio de los dioses. Atenea intercede para que Odiseo deje la isla de Calipso y vuelva a Ítaca. Adoptando primero la figura de Mentes y luego la de Méntor, la diosa empuja a Telémaco a moverse: debe buscar noticias de su padre en Pilos y Esparta.
Telémaco convoca una asamblea en Ítaca para frenar a los pretendientes que asolan el palacio. Penélope, fiel y astuta, aplaza su decisión con el truco del sudario: teje de día y desteje de noche. Con ayuda de Atenea, Telémaco consigue una nave y parte.
En Pilos son recibidos por Néstor, en plena hecatombe a Poseidón. Néstor recuerda regresos desde Troya (y la tragedia de Agamenón), pero de Odiseo no tiene noticias; sugiere visitar a Menelao en Esparta. Atenea se despide de forma milagrosa, impresionando a los presentes, y Pisístrato, hijo de Néstor, acompaña a Telémaco.
En Esparta, Menelao y Helena los acogen. Menelao cuenta su encuentro con Proteo, quien reveló que Odiseo estaba retenido por la ninfa Calipso. De vuelta en Ítaca, los pretendientes planean una emboscada contra Telémaco a su regreso, aumentando la tensión mientras el joven apura su investigación.
El regreso de Odiseo (Cantos V–XII)
Zeus envía a Hermes a ordenar a Calipso que libere a Odiseo. A regañadientes, la ninfa accede. El héroe fabrica una balsa y navega diecisiete días; Poseidón, enfurecido por la afrenta a su hijo Polifemo, levanta una feroz tormenta. Con ayuda de Atenea, Odiseo llega extenuado a la costa.
Atenea entra en los sueños de Nausícaa, princesa feacia en Esqueria, para que baje al río con sus esclavas. Odiseo, cubierto de sal y cansancio, pide amparo con palabras medidas; Nausícaa le indica cómo presentarse ante su madre, la reina, y dónde esperar, en un bosque consagrado a Atenea, antes de entrar al palacio.
En la corte de Alcínoo, Odiseo aparece como suplicante. El rey lo acoge con hospitalidad y hasta insinúa la posibilidad de emparentar, oferta que el héroe declina. Se organiza una gran fiesta: hay juegos atléticos —donde Odiseo sorprende con un lanzamiento de disco— y el aedo Demódoco canta episodios de Troya. Al oír el caballo, Odiseo rompe a llorar, y el rey le pide su verdadera identidad.
Odiseo comienza su relato: tras Ísmaro, la ciudad de los cicones, sufren pérdidas; luego llegan a la tierra de los lotófagos, cuyo loto adormece el deseo de volver. Más tarde, en la isla de los cíclopes, Polifemo devora compañeros y encierra a los demás en su cueva.
Mediante un plan ingenioso, Odiseo emborracha al cíclope, afila un palo y lo ciega mientras duerme. Para escapar, cada tripulante se ata al vientre de una res y pasa bajo la mano palpadora del gigante. Ya a salvo, el héroe no se contiene y grita su nombre, provocando la maldición de Polifemo y la ira de Poseidón.
La siguiente parada es la isla de Eolo, quien entrega a Odiseo una bolsa de piel con los vientos favorables. A punto de llegar a Ítaca, los marineros, por curiosidad o desconfianza, abren la bolsa: los vientos se desatan y una tormenta los aleja. Tras días de zozobra arriban a tierra de lestrigones, gigantes antropófagos que arrasan su flota.
Con los que quedan, Odiseo alcanza la isla de Circe. La hechicera, prendada de él, lo retiene un año, pero finalmente lo deja marchar no sin antes advertirle que debe bajar al Hades a consultar al adivino Tiresias. En el inframundo, tras los sacrificios, Tiresias le augura un regreso difícil; Odiseo ve a su madre Anticlea, a célebres mujeres y a héroes caídos, y al final aparece la sombra de Hércules.
De vuelta al mar, siguen los consejos de Circe para superar el canto de las sirenas: los marineros se taponan los oídos con cera, y Odiseo se hace atar al mástil para oírlas sin sucumbir. Luego sortean a Escila y Caribdis, y llegan a Trinacria, isla del Sol. Aunque se les advirtió, los compañeros sacrifican reses sagradas de Helios; Zeus los castiga con un rayo que hunde la nave. Solo Odiseo sobrevive, arrastrado nuevamente a la isla de Calipso, cerrando el círculo del relato.
Vuelta a Ítaca y venganza (Cantos XIII–XXIV)
Los feacios embarcan a Odiseo y lo dejan dormido en Ítaca con ricos presentes. Atenea lo disfraza de mendigo para evitar reconocimientos prematuros y lo envía a la cabaña de su fiel porquerizo Eumeo.
Eumeo lo acoge con comida y abrigo sin saber quién es. Mientras tanto, Atenea indica a Telémaco que regrese con cautela: los pretendientes han planeado matarlo a su vuelta. Eumeo cuenta su vida y origen, y el ambiente se llena de confidencias y preparativos.
Cuando Telémaco llega a Ítaca y acude a la majada, Odiseo se revela ante él con ayuda de Atenea. Padre e hijo se funden en un abrazo y trazan el plan para la revancha, confiando en el apoyo de Zeus y Atenea. La tensión sube antes del golpe definitivo.
Ya en palacio, el mendigo solo es reconocido por su viejo perro Argos, que muere tras verlo. Entre burlas y golpes de los pretendientes, aparece otro mendigo, Iro, que reta a Odiseo a una pelea y es derrotado sin contemplaciones. La humillación no hace sino afilar la resolución del héroe.
Penélope conversa largo con el incógnito forastero; cuando ordena a Euriclea que lo bañe, la nodriza descubre la cicatriz de un jabalí que Odiseo llevaba desde joven y lo reconoce. Él le impone silencio estratégico para que nada arruine los planes.
Al día siguiente, un trueno de Zeus en el azul despejado es leído como señal favorable. Odiseo prueba la lealtad de siervos y criadas; un adivino, amigo de Telémaco, vaticina muros manchados de sangre. Algunos pretendientes se inquietan, pero la mayoría se mofa de la advertencia.
Llega el certamen del arco: Penélope propone casarse con quien logre tensar el arco de Odiseo y hacer pasar la flecha por doce hachas alineadas. Nadie lo consigue. Insiste el mendigo en intentarlo: tensa con facilidad, dispara y acierta. A su señal, Telémaco se arma y comienza la matanza.
Antínoo, el cabecilla, cae con la garganta atravesada por una saeta mientras bebe; cunde el pánico. Con la ayuda de Atenea, Odiseo y los fieles dan muerte a los pretendientes; las esclavas traidoras son colgadas y el cabrero Melantio sufre un castigo ejemplar. Euriclea prende fuego y purifica con azufre el patio del palacio.
Al presentarse ante Penélope, esta duda: han pasado muchos años y el aspecto de Odiseo ha cambiado. Él describe el secreto del lecho nupcial construido con un tronco de olivo, y ella lo reconoce. El héroe le cuenta sus aventuras y anuncia que aún le espera otro viaje antes de disfrutar una vejez en calma.
En el canto final, las almas de los pretendientes bajan al Hades y cuentan lo sucedido a Agamenón y Aquiles. Odiseo visita a su padre Laertes, que trabaja en la huerta; se da a conocer por la cicatriz y por recordar los árboles que su padre le regaló de niño. Los parientes de los muertos convocan asamblea y piden venganza; Laertes mata al padre de Antínoo con una lanza, y cuando la lucha estaba por recrudecer, Atenea impone la paz entre los itacenses.
Personajes principales
Odiseo (Ulises) es rey de Ítaca, hijo de Laertes y Anticlea, esposo de Penélope y padre de Telémaco. Lo define su ingenio: su mētis, la astucia, pesa tanto como su valor. Fue clave en Troya con la idea del caballo.
Penélope es el ideal de fidelidad y prudencia. Acosada por pretendientes durante veinte años, resiste con la estratagema del sudario. Su reconocimiento del lecho de olivo es uno de los momentos más íntimos del poema.
Telémaco inicia inseguro y falto de experiencia, pero su viaje lo fortalece. A su regreso, se alía con su padre y se hace adulto ejecutando la venganza.
Atenea, diosa de la sabiduría, protege y guía a Odiseo y a Telémaco. Su intervención es constante, desde los impulsos iniciales hasta la pacificación final en Ítaca.
Poseidón es el dios antagonista: tras la ceguera de Polifemo, busca impedir el retorno del héroe. Polifemo, el cíclope, ejemplifica la brutalidad sin ley; su maldición desencadena muchas desdichas.
Circe y Calipso encarnan lo seductor del desvío: la hechicera que retiene un año al héroe con banquetes y la ninfa que ofrece la inmortalidad a cambio de quedarse. Ambas prueban la determinación de Odiseo por volver al hogar.
Temas y motivos
El viaje (viaje físico y moral) estructura toda la obra. Cada escala añade pruebas que forjan al héroe y, de paso, exploran la condición humana: el deseo, el miedo, la lealtad, la identidad.
El amor conyugal y la fidelidad atraviesan el relato: la espera de Penélope y la resistencia a tentaciones colocan la pareja en el centro. También el valor de la familia: la búsqueda de Telémaco y el reencuentro con Laertes refuerzan los vínculos.
La patria y el hogar como destino: Ítaca no es lujo ni imperio, es la medida de lo propio. En la soledad del mar, Odiseo añora su cama, su tierra, el olor del olivo.
La intervención divina: como en la Ilíada, los dioses inclinan la balanza. Atenea tutela, Zeus sella con rayos y Poseidón se venga; los mortales son piezas en un tablero mayor.
Lengua, estilo y legado cultural
La Odisea emplea un lenguaje formular (propio de la oralidad) y epítetos recurrentes, con el hexámetro dactílico sosteniendo la música del verso. Esa cadencia facilitó que aedos memorizaran y recitaran la obra durante generaciones.
La repercusión cultural es inmensa. La palabra «odisea» pasó al español como sinónimo de aventura ardua, y «mentor» a designar al consejero sabio. Sus ecos están en novelas, poemas, teatro, cine, televisión e historieta.
Adaptaciones y reescrituras destacadas
Literatura
James Joyce reescribió el mito en clave moderna en Ulises, condensando un día en Dublín. José Vasconcelos tituló Ulises Criollo su autobiografía, y Leopoldo Marechal recreó el periplo en Adán Buenosayres. Robert Graves jugó con la autoría en La hija de Homero. César Mallorquí narró ecos contemporáneos en El viajero perdido, y Daniel Mendelsohn entretejió lectura, biografía y viaje en Una Odisea. Un padre, un hijo, una epopeya. Marvel Comics llevó la historia al cómic en su colección Marvel Illustrated.
Música
Destaca Epic: The Musical, de Jorge Rivera-Herrans, que traduce los episodios homéricos a un lenguaje escénico y sonoro actual.
Cine y televisión
Georges Méliès caminó pronto el mito con L’Île de Calypso: Ulysse et le géant Polyphème (1905). En 1911 se estrenó L’Odissea. En 1954, Kirk Douglas protagonizó Ulises, rodada en escenarios asociados a los pasajes homéricos.
La RAI jugó con la parodia musical en 1964 (revista Odissea, dentro de Biblioteca di Studio Uno). En 1968 llegó la miniserie La Odisea (Le avventure di Ulisse), de aire teatral en interiores. Burbank Films lanzó una animada en 1987, y el anime franco-japonés Ulises 31 trasladó la odisea al siglo XXXI.
En 1991, Canale 5 emitió un musical televisivo (L’Odissea) con Sylva Koscina como Atenea. En 1997, Andrei Konchalovsky dirigió la miniserie La Odisea con Armand Assante. O Brother, Where Art Thou? (2000), de los hermanos Coen, recreó libremente la estructura en la Gran Depresión. Se mencionan además The Return (2024), de Uberto Pasolini, y una La Odisea (2026) atribuida a Christopher Nolan.
Teatro
La compañía Els Joglars llevó su versión a televisión (1976) y luego al escenario con La Odisea, estrenada en 1979 en Palma de Mallorca y en cartel hasta marzo de 1980. La mirada irónica y el juego meta-teatral acercaron el clásico a nuevos públicos.
Traducciones al español y recursos de estudio
En el ámbito hispano existe una rica tradición: la de Gonzalo Pérez (1550), Mariano Esparza (1837, en verso), Antonio de Gironella (1851, en verso), Luis Segalá y Estalella (1910), Ángel María Garibay K. (1931), Fernando Gutiérrez González (1951, en hexámetros), José Manuel Pabón y Suárez de Urbina (1982), José Luis Calvo Martínez (1988), Carlos García Gual (2004), Pedro C. Tapia Zúñiga (2013, en verso) y Marta Alessi (2025, en verso).
La primera traducción al español realizada por una mujer es la de Laura Mestre Hevia, aún parcialmente inédita. Más recientemente, la argentina Marta Alesso propuso una nueva versión en verso pensada para el público hispanohablante latinoamericano.
Ediciones y estudios recientes incluyen: Odisea. Volumen I, Cantos I–IV (CSIC, 2022; introducción y edición crítica de Mariano Valverde Sánchez; traducción y notas de José García López; revisión de Esteban Calderón Dorda); la edición de Gredos (1982/2002) con introducción de Manuel Fernández-Galiano y traducción de Pabón; la Austral (Espasa-Calpe, 1951/2006) con Segalà i Estalella; Alianza Editorial (2004) con versión de García Gual; Cátedra (1988) con José Luis Calvo; Porrúa (1960) con Segalá y Estalella; y la UNAM (2013) con traducción de Pedro C. Tapia Zúñiga e introducción de Albrecht Dihle.
Entre herramientas académicas, destaca el Diccionario homérico de Georg Autenrieth (1891; versión inglesa de 1880 basada en el original alemán de 1873), accesible con índice electrónico en el Proyecto Perseus. También el estudio de Carla Bocchetti, El espejo de las Musas (Universidad de Chile, 2006, en el CHS), el trabajo de Francisco Javier Gómez Espelosín sobre relatos de viajes en la Odisea (1994), la tesis de Ángel Luis Hoces de la Guardia Bermejo sobre dependencia social en Homero (UCM, 1992), y la adaptación en prosa de Charles Lamb, The Adventures of Ulysses, cuyo primer capítulo está disponible en PDF.
Homero: el poeta y la «cuestión homérica»
Homero (siglo VIII a. C.) es el nombre con el que designamos al autor de la Ilíada y la Odisea, junto con los llamados himnos homéricos. Hay quien defiende una autoría múltiple o una larga sedimentación oral; sea como sea, la tradición es el sustrato que sostiene estos poemas. Las excavaciones de Schliemann reforzaron la conexión entre mito y realidad arqueológica, alimentando una polémica que aún late.
Textos afines, versiones antiguas y enlaces útiles
En el mundo romano, Livio Andrónico compuso la Odusia, primera versión latina de la Odisea de la que conservamos fragmentos. En paralelo, repositorios como Wikimedia Commons ofrecen categorías dedicadas a la Odisea y a Odiseo; Wikiquote reúne citas, y Wikisource sirve traducciones en español y el texto griego completo.
Para lectura y consulta, hay PDFs disponibles en bibliotecas y portales educativos: la biblioteca digital del ILCE, materiales del gobierno de Mendoza y el repositorio de la CJPB en Uruguay enlazan versiones descargables. Son útiles como primeras aproximaciones, aunque conviene contrastar con ediciones críticas modernas.
En cuanto a la difusión televisiva y paródica, la RAI exploró formatos como Biblioteca di Studio Uno (con una Odissea en 1964) y Canale 5 montó en 1991 un musical en dos partes, con canciones adaptadas y guiños escénicos (Sylva Koscina como Atenea), demostrando la elasticidad del mito para acomodarse a códigos populares.
En conjunto, la Odisea nos llega como un mosaico: poemas transmitidos por aedos, fijación escrita a partir del siglo VIII a. C., edición alejandrina en el siglo II a. C., y una larguísima estela de traducciones, adaptaciones y estudios que hoy permiten acercarse al texto en múltiples capas, desde la métrica del hexámetro dactílico y sus cesuras hasta el análisis de motivos como la hospitalidad, la identidad y el regreso al hogar.
Quien se adentre en ella hallará un relato dinámico, lleno de episodios memorables (cicones, lotófagos, cíclopes, Eolo, lestrigones, Circe, Hades, sirenas, Escila y Caribdis, Helios, Calipso) y un final que no sólo ajusta cuentas en Ítaca, sino que restaura un orden personal, familiar y cívico, con Atenea sellando la paz para que la vida cotidiana vuelva a su cauce.

