- Recorrido artístico por cuatro templos emblemáticos que fusionan el catolicismo español con la cosmovisión indígena.
- Visita a joyas arquitectónicas como la Iglesia de San Pedro Apóstol, conocida como la Capilla Sixtina de América.
- Integración de sitios arqueológicos preincaicos e incas como Pikillacta y Tipón en el trayecto por el Valle Sur.
Cuando pensamos en Cusco, lo primero que nos viene a la cabeza son las piedras gigantes de Machu Picchu o los paisajes del Valle Sagrado. Sin embargo, hay una joya oculta que suele pasar desapercibida para el turista medio pero que es un auténtico tesoro: el Circuito del Barroco Andino. Se trata de una travesía fascinante que nos lleva a descubrir cuatro templos donde el arte y la historia se dan la mano, reflejando el trabajo de artistas mestizos que supieron plasmar su identidad durante la época del Virreinato.
Este periplo comienza en el bullicio de la ciudad imperial y se extiende hasta el tranquilo pueblo de Canincunca, siguiendo la ruta que históricamente conectaba Cusco con Puno. Es, sin duda, la opción ideal para quienes buscan escapar de las masas y sumergirse en una atmósfera cargada de misticismo, donde la arquitectura no es solo piedra y madera, sino un libro abierto sobre la cultura andina y la fe cristiana.
¿En qué consiste exactamente el Barroco Andino?
Para entrar en materia, debemos entender que el barroco andino no fue una simple copia de los estilos europeos. Fue un movimiento artístico nacido en los Andes peruanos durante el dominio español, donde el objetivo era la evangelización de los nativos. Lo curioso es que fueron los propios artistas mestizos e indígenas quienes ejecutaron las obras, imprimiendo su propia visión del mundo en las iglesias de ciudades como Arequipa, Quito, Puno y, por supuesto, Cusco.
Si te fijas bien en los detalles, verás que este estilo es una mezcla muy loca y fascinante. No solo hay pasajes bíblicos, sino que aparecen elementos de la cosmovisión andina, como el sol, la luna y diversos dioses incas. Además, la fauna local se coló en las decoraciones; es muy común encontrar representaciones de pumas, serpientes o incluso la pequeña vizcacha, creando un sincretismo cultural que es sencillamente alucinante.
Los templos imprescindibles del circuito
Este recorrido, impulsado por la Compañía de Jesús, es una auténtica delicia visual que atraviesa el Valle Sur. El punto de partida es el Templo de la Compañía de Jesús, situado justo frente a la Plaza de Armas. Junto con la Catedral, es considerada la iglesia más espectacular de la ciudad. Su fachada de piedra labrada impresiona, pero el verdadero espectáculo está dentro: un altar de madera forrado en pan de oro y obras de la Escuela Cusqueña que sirven de modelo para el resto de los templos de la zona.
Siguiendo el camino, llegamos a la Iglesia de San Pedro Apóstol de Andahuaylillas, construida hacia 1610. A unos 39 kilómetros de Cusco, este lugar es conocido como la «Capilla Sixtina de América» debido a sus impresionantes pinturas y grabados en el techo. Lo más increíble son sus dos órganos del siglo XVII, que ostentan el título de ser los más antiguos de toda Latinoamérica. Las obras de Diego Quispe Tito, como el Bautismo de Cristo, son paradas obligatorias aquí.
Más adelante nos encontramos con el Templo de San Juan Bautista de Huaro. Ubicado a 43 kilómetros de la capital, este edificio de adobe y piedra fue declarado Monumento Histórico en 1972. En su interior, el artista Tadeo Escalante dejó un legado impresionante con unas 50 piezas de pintura. Destacan los murales sobre el Juicio Final, donde el Diablo aparece acechando a los pecadores en escenas bastante crudas que contrastan con la promesa del cielo para los justos.
El viaje culmina en la Capilla de la Virgen Purificada de Canincunca. Este recinto, erigido sobre un antiguo cementerio o centro ceremonial incaico, es un remanso de paz. Sus paredes están adornadas con motivos de la flora y fauna local, así como formas geométricas que los habitantes de la zona aún plasman en sus tejidos tradicionales. El ambiente es misterioso, especialmente por el cementerio situado justo detrás del edificio, lo que le da un toque místico muy especial.
Más allá de las iglesias: Arqueología y Paisajes
Lo guapo de esta ruta es que no todo es religión. Mientras avanzas por el Valle Sur, puedes hacer escalas en sitios que te dejan con la boca abierta. Por ejemplo, Pikillacta, una antigua ciudad satélite de la cultura Wari, donde puedes caminar por calles empedradas y ver edificios de dos plantas. Es curioso que su nombre signifique «pueblo de las pulgas», un detalle que siempre saca una sonrisa a los viajeros.
Tampoco puedes saltarte Tipón, un lugar donde los Incas demostraron que eran unos genios de la ingeniería hidráulica. Ver los canales de agua fluyendo por las terrazas agrícolas es una experiencia relajante y fascinante a la vez. Además, el trayecto permite conocer la antigua fábrica de tejidos de Lucre y el sitio de Rumicolca, completando así un viaje que mezcla lo espiritual con lo terrenal y lo ancestral.
Consejos prácticos para organizar la visita
Para hacer este camino, tienes varias opciones. Puedes comprar el boleto directamente en la Compañía de Jesús en Cusco o en Andahuaylillas. Si vas por libre, hay autobuses que salen de la avenida La Cultura y te llevan a los puntos fuera de la ciudad, aunque lo más cómodo es contratar un servicio privado para no andar con prisas y aprovechar cada rincón.
Es importante mencionar que el Templo de la Compañía de Jesús no entra en el Boleto Religioso estándar, por lo que hay que pagar la entrada en la puerta o adquirir el ticket específico del Circuito Barroco. Después de tanta caminata y cultura, no hay nada mejor que disfrutar de un almuerzo típico en el pueblo de Andahuaylillas para recargar pilas antes de volver.
Esta travesía por el Valle Sur es una oportunidad única de conectar con la historia mestiza del Perú, recorriendo desde la opulencia del pan de oro en las iglesias hasta la precisión de los canales incas y la serenidad de los pueblos rurales, dejando una huella imborrable en quien decide alejarse de las rutas turísticas más trilladas.
