- La piedra decorada del Picu Faéu forma parte de una tradición de entrelazados castreños del noroeste peninsular, vinculada a otros hallazgos como Duesos, Argandenes o Antrialgu.
- El entorno del Picu Faéu combina castros, arquitectura tradicional como la Casa’l Capitán y rutas de media montaña que enlazan Omedal, el Pico Faceu, Peña la Piedra y Ciébana del Castiellu.
- Las circulares desde Omedal permiten recorrer sierras como Sellón, Frieru y Xiblaniella, pasar por la Horcada La Muda y disfrutar de uno de los mejores tramos conservados de la calzada romana del Camín Real del Sellón.
- La visita a la zona se completa con una potente oferta gastronómica en los concejos cercanos, donde destacan platos de cuchara, productos de matanza, pescados, mariscos y quesos artesanos.

La piedra decorada del Picu Faéu es una de esas piezas que pasan casi desapercibidas para el gran público, pero que, cuando conoces su historia, te cambia por completo la forma de mirar los paisajes de Parres y Piloña. No es solo un bloque de piedra tallado: es un fragmento de memoria de los antiguos pobladores de los castros del oriente asturiano.
A lo largo de estas líneas vamos a unir esa pieza arqueológica del Picu Faéu con el paisaje que la rodea: los castros, las sierras del Sellón, Frieru y Xiblaniella, las rutas de montaña al Pico Facéu, las viejas calzadas romanas y hasta el sabor de la gastronomía asturiana que hoy encontramos en concejos cercanos. Todo ello forma un mosaico en el que arte, paisaje, caminos históricos y vida rural encajan a la perfección.
La piedra decorada del Picu Faéu: contexto histórico y artístico
La llamada piedra decorada del Picu Faéu pertenece al ámbito artístico del noroeste peninsular, donde el uso de entrelazados tallados en piedra se convirtió en una seña de identidad muy reconocible. No hablamos de un motivo aislado, sino de un lenguaje decorativo que conecta Asturias con la meseta nororiental, el sur peninsular mediterráneo de la Edad del Hierro y, al mismo tiempo, con la fachada atlántica europea y los castros galaicos.
Este tipo de decoración en entrelazados de doble banda se asocia con una tradición antigua que hunde sus raíces en el Bronce Final, visible en objetos como sítulas, calderos de bronce y otros utensilios metálicos ornamentados. Se ha sugerido que estos motivos podrían inspirarse en técnicas textiles y de cestería, trasladadas a la piedra mediante un trabajo de talla minucioso y simbólico.
La pieza fue conocida gracias a un trabajo de campo realizado en la zona del Picu Faéu, en el concejo de Parres, en un asentamiento que el investigador José Manuel González catalogó como castro. Allí, en la ladera, aparece la Casa’l Capitán, un edificio probablemente levantado en el siglo XIX que terminó jugando un papel clave en la conservación de la piedra.
Durante una remodelación de la Casa’l Capitán en Castiellu, se descubrió que uno de los elementos de la vivienda era en realidad algo mucho más antiguo: la piedra decorada servía de basa para una columna de madera. Es decir, una pieza castreña reutilizada en arquitectura popular rural, un fenómeno muy habitual en muchos pueblos asturianos donde las piedras “raras” acaban empotradas en muros o casas sin que nadie repare en su valor.
La forma de la piedra es troncopiramidal y de contorno irregular, con unas dimensiones aproximadas de 23 × 19,5 × 22 cm. Sus caras fueron cuidadosamente alisadas y, en la superficie más amplia, se talló en profundidad un entrelazado de doble banda con acanaladura, hoy fracturado en uno de sus extremos, pero aún perfectamente reconocible como parte de ese repertorio decorativo castreño.
El investigador Ignacio Hevia Llavona, que estudió la pieza y el castro, plantea la hipótesis de que se trate de un dintel de puerta procedente de alguna construcción del poblado fortificado. El tamaño, la forma y la decoración podrían encajar bien con un elemento arquitectónico destacado, quizás vinculado a un espacio de cierta relevancia dentro del castro.
La importancia de la piedra del Picu Faéu aumenta cuando se la coloca junto a otras piezas con decoración similar en el oriente y centro de Asturias: la estela de Duesos, la de Argandenes, la del castro de Llagú, las del castro de Antrialgu o la que se documentó más recientemente en la iglesia de Santa María del Mar, en Castrillón. Todas ellas refuerzan la idea de un estilo regional que se repite de forma insistente.
Quien quiera profundizar en los detalles de la excavación, la localización exacta del yacimiento y la historia de la Casa’l Capitán, puede acudir al artículo de Hevia Llavona sobre el castru d’El Picu Faéu, publicado en el número 26 de la revista “Asturies, memoria encesa d’un país”, de la Fundación Belenos, donde se recogen planos, fotografías y un análisis más técnico del hallazgo.
El entorno del Picu Faéu y los castros de la zona
La piedra decorada no se entiende bien sin su contexto paisajístico y arqueológico. El Picu Faéu se sitúa en un área marcada por antiguas ocupaciones castreñas, lomas fortificadas y pasos de montaña que conectan valles y concejos, especialmente entre Parres y Piloña.
Los castros de la zona, como Llagú, Antrialgu o el propio asentamiento del Picu Faéu, se enclavan en posiciones estratégicas, con amplias vistas sobre los valles y un control visual del territorio que hoy todavía impresiona al caminante. No es casual que en estos mismos espacios encontremos luego rutas de montaña señalizadas, caminos de arrieros y, más tarde, vías romanas o calzadas reutilizadas durante siglos.
La relación entre paisaje, vías de comunicación y poblamiento se constata también en la red de caminos históricos que cruzan la zona: desde los accesos al collado Sellón hasta los pasos que unen las sierras de Frieru y Xiblaniella, o las conexiones naturales hacia el Parque Natural de Redes y la Cordal de Ponga.
Hoy, quien se acerca a conocer la historia del Picu Faéu puede combinar la visita al entorno del castro y la Casa’l Capitán con rutas senderistas que ascienden a cumbres como el Pico Faceu, Peña la Piedra o Ciébana del Castiellu. El resultado es una experiencia completa: arqueología, paisaje de alta montaña moderada y la Asturias rural más auténtica.
En conjunto, este rincón del oriente asturiano funciona como un auténtico aula al aire libre: en pocos kilómetros se pueden observar restos castreños, arquitectura tradicional reutilizando piezas antiguas, trazas de calzada romana, majadas ganaderas y bosques mixtos con carbayos, castaños, hayas, abedules o avellanos que mantienen vivo el mosaico de hábitats de la región.
Rutas de senderismo al Pico Faceu y cumbres cercanas
En torno al Picu Faéu destacan varias rutas de montaña de carácter circular que permiten coronar el Pico Faceu (o Facéu), Peña la Piedra y Ciébana del Castiellu, enlazando collados, sierras y viejos caminos de uso tradicional. Se trata de recorridos de media montaña con desniveles considerables, pero accesibles para senderistas con cierta experiencia.
Una de las propuestas más completas es la circular con salida y llegada en Omedal (Piloña), que asciende sucesivamente al Pico Faceu (1228 m), Peña la Piedra y Ciébana del Castiellu, retornando luego al punto de partida tras atravesar tramos boscosos que, según explican quienes la han realizado, pueden volverse incómodos por el barro y la vegetación cerrada.
Los datos técnicos de esta circular son muy orientativos para quien esté planificando la salida: se trata de una ruta de unos 12 km de longitud, con un desnivel acumulado cercano a los 850 m, una altitud máxima de 1228 m (Pico Faceu) y una mínima en torno a 530-560 m en la zona baja de El Omedal. El tiempo estimado ronda las 6 horas y 20 minutos incluyendo paradas.
El itinerario habitual enlaza El Omedal – Collado Sellón – Pico Faceu – Negros de Faceu – Collado la Piedra – Peña la Piedra – Collaos de Ciébana – Pico Castiellu – Collaos de Ciébana – El Omedal. Conviene tener en cuenta que hay tramos con pendientes fuertes, sobre todo hacia el Castiellu, y una bajada final hacia Omedal en la que el sendero puede aparecer literalmente tapado por ramas, árboles caídos y mucho barro.
Otra variante muy interesante, también circular, recorre en buena medida el mismo entorno, pero pone el foco en el Camín Real del Sellón y la calzada romana que discurre bajo la Sierra del Frieru. En este caso, se combinan las sierras de Xiblaniella, Frieru y Sellón partiendo igualmente de Omedal y alcanzando el Pico Facéu, pero se juega con los collados de Ciébana y pasos como la Horcada La Muda para trazar un recorrido algo más técnico en cuanto a orientación.
Los parámetros básicos de esta segunda propuesta suelen situarse en unos 9,5 km de recorrido, con una cota mínima de 530 m y una máxima de 1228 m, un desnivel máximo cercano a los 700 m y un acumulado aproximado de 750 m de subida, con un tiempo total en torno a las 6 horas, incluyendo paradas amplias para admirar las vistas y disfrutar del paisaje.
En ambas rutas, el punto de partida es la aldea de Omedal, a la que se llega desde Infiesto por la N-634 y la PI-4 en dirección a Espinaredo, para tomar después una carretera local angosta y serpenteante. El aparcamiento es muy limitado, prácticamente para dos coches junto a la fuente del pueblo, por lo que conviene madrugar o, si es posible, compartir vehículo.
Desde Omedal se sube en general hacia el Collado Sellón o Collada Llamosa, tramo que coincide con el GR-109, el llamado Camino Natural de la Cordillera Cantábrica. A partir de ahí se abre un abanico de opciones para enlazar crestas, collados y cimas, y trazar la circular en un sentido u otro según gustos, estado del terreno y experiencia del grupo.
Puntos clave del recorrido: Omedal, Sellón, Faceu y Peña la Piedra
Uno de los mayores atractivos de esta zona es que, en una sola salida, se puede disfrutar de aldeas remotas, collados panorámicos y cimas con vistas de escándalo. El Omedal, punto de inicio, es un pueblo pequeño y recogido que refleja bien la arquitectura rural de Piloña y que conserva una poderosa sensación de aislamiento y tranquilidad.
La primera parte del recorrido, que gana altura hacia la Collada Llamosa o Collado Sellón, ofrece ya buenas vistas hacia la Sierra del Sellón y el valle. Este tramo coincide con el GR-109 y discurre por un camino marcado que, a pesar de la pendiente, se recorre con comodidad y permite ir entrando en ambiente montañero sin demasiadas complicaciones técnicas.
Una vez alcanzado el Sellón, muchas descripciones de ruta recomiendan girar hacia el sur para seguir a media ladera por la Sierra del Frieru, en dirección a la primera gran cumbre del día: el Pico Faceu. Desde el collado, llama la atención la claridad con la que se distinguen las tres cimas que suelen incluirse en la circular: Faceu, Peña la Piedra y el Castiellu, en una alineación casi perfecta.
La subida final al Pico Facéu (o Faceu) suele realizarse por una arista cómoda, tras dejar atrás la zona de La Llinar y seguir un sendero de ganado con algunos jitos dispersos. La inclinación se agudiza en este tramo, pero el esfuerzo se ve recompensado en cuanto se alcanza la cresta y se consigue la cumbre, rematada con un característico buzón de montañero.
Superado el Pico Faceu, muchas rutas continúan por la arista hacia los Negros de Faceu o Orru Facéu, una antecima de cuarcitas muy llamativa, para luego caer a la collada del Fontón y proseguir hacia la Peña la Piedra. El descenso hacia esta última no siempre es tan cómodo como parece a simple vista, pues la vegetación y los pequeños cortes de terreno obligan a prestar atención y a seguir los senderos de paso animal sin perderlos.
La ascensión a la Peña la Piedra se afronta habitualmente desde el Collado la Piedra, bien por un camino algo más tendido que transcurre por su flanco izquierdo, bien por una canaleta más directa que algunas personas encuentran incluso más sencilla, al no requerir prácticamente apoyo de manos. En cualquier caso, la cima de Peña la Piedra tiene fama de ser algo incómoda por la vegetación y el terreno irregular.
Collaos de Ciébana, Pico Castiellu y Horcada La Muda
Desde Peña la Piedra se regresa de nuevo al Collado la Piedra para buscar la bajada hacia los Collaos de Ciébana a través del paso conocido como Horcada la Muda. Este tramo de descenso, por un sendero que atraviesa en diagonal una ladera boscosa, puede resultar resbaladizo y confuso por la abundancia de barro y el crecimiento de la vegetación, por lo que conviene tomárselo con calma y no perder el rastro principal.
Los Collaos de Ciébana (alrededor de 918 m) suponen uno de los rincones más bellos de la ruta: una sucesión de pequeños collados y pastos donde se respira una paz casi absoluta, con alguna cabaña dispersa y caballos pastando. Desde allí, el Pico Castiellu cierra el horizonte por el noreste y la Sierra de Xiblaniella lo hace por el suroeste, con la Horcada La Muda marcando el paso hacia el otro lado.
Quien decide incluir el Pico Castiellu o Ciébana del Castiellu (en torno a 968 m) en la ruta debe afrontar una subida con pendiente pronunciada y abundante vegetación, siguiendo inicialmente una senda jitada por la cara suroccidental. El terreno puede resultar algo “sucio” por la presencia de árgoma (cotoya) y maleza, por lo que no todo el mundo opta por ascenderlo, dependiendo del ánimo del día y el tiempo disponible.
A partir del último collado bajo Xiblaniella se localiza la senda que conduce a la Horcada La Muda, muy evidente en su parte alta, pero algo más difusa al comienzo, entre acebos y vegetación cerrada. Lo ideal es mantener una traza ascendente hacia el oeste, pegándose poco a poco a las paredes calizas de la sierra hasta alcanzar una pequeña vereda que hace una zeta clara y lleva casi pegada a los murallones.
La propia Horcada La Muda (unos 1058 m) es un punto muy vistoso: una entalladura en la roca que permite “devolar” la Sierra de Xiblaniella y cambiar de vertiente, obteniendo a un lado vistas hacia los Collaos de Ciébana y el Castiellu, y al otro hacia el Cantu Llaciu, el Facéu y la Sierra del Sellón que se prolonga hacia el norte.
Desde esta horcada se asciende sin grandes complicaciones hacia el Colláu La Piedra (aprox. 1059 m) y la cuerda del Cantu Llaciu, abriéndose excelentes panorámicas sobre el valle del Pedregal, la Sierra del Trallán, los Cuetos Negros y, al fondo, las montañas de Caso. A partir de ahí ya se entra de lleno en la travesía por la crestería del Facéu.
La cresta del Facéu, el Camín Real del Sellón y la calzada romana
Una vez alcanzada la cuerda del Cantu Llaciu (en torno a 1160 m), la ruta se dirige hacia el Orru Facéu y la cumbre principal del Pico Facéu siguiendo una sucesión de collados y pequeñas crestas. Se bordea por el lado derecho el crestón del Orru Facéu, aprovechando trochas de animales, hasta llegar a una zona equipada con cierres electrificados que marcan la divisoria entre Piloña y Caso.
La cima del Orru Facéu o Negros de Facéus (1220 m) ofrece ya vistas muy amplias hacia el valle de la Marea, la collada Arnicio, el pico Busllar y la Sierra de Trapa, así como sobre la pista por donde discurre el GR-102 (Camín Real del Sellón). Desde aquí se identifica claramente el collado que separa esta cota del Fontón y toda la cresta final del Facéu.
La llegada al Pico Facéu o Pico Tres Parres (1228 m), ya sea por la cresta o por la vertiente norte siguiendo la “vía normal”, permite disfrutar de un mirador de excepción: hacia el este, las montañas de Piloña con la Sierra de Aves y el Vízcares; hacia el sureste, las cumbres de Caso y la Cordal de Ponga; hacia el sur, la Cordillera Cantábrica con sectores como San Isidro, el Torres o incluso el macizo del Mampodre; hacia el oeste y noroeste, Peña Mea, la Sierra del Crespón y Peñamayor; y hacia el norte, la Sierra del Sellón, Omedal y el Sueve cerrando el horizonte.
Para el descenso desde el Facéu suele recomendarse evitar la pindia vertiente norte directa y optar por un sendero jitado que, unos metros al oeste de la cumbre, bordea la cara norte hasta salir al collado de la Artaosa. Desde allí se continúa hacia el oeste por la divisoria de aguas entre Piloña y Caso, en dirección a las cabañas de Pandu Cuerries y la pista del GR-102.
El enlace con el Camín Real del Sellón se realiza en el entorno del collado Les Fontigues (sobre los 990 m), donde muere la pista y comienza a apreciarse con claridad el tramo mejor conservado de la calzada romana. Este camino seguía el trazado de la vía que entraba en Asturias por Tarna, bajaba junto al Nalón hasta Campo de Caso y, desde allí, se dirigía hacia Infiesto y la costa de Villaviciosa y Tazones.
El tramo más espectacular conserva la caja de la calzada con losas laterales de contención y empedrado, discurriendo en altura bajo las Bobias Alta y Baja, sorteando barrancos muy profundos. Es un ejemplo magnífico de ingeniería viaria romana, que buscaba las zonas altas para evitar emboscadas y terrenos encharcados en los fondos de valle.
Tras cruzar la portilla en la divisoria entre Caso y Piloña, el itinerario atraviesa puntos llamativos como el Xerru Forcáu, para después enlazar con la pista que sube desde Moru al Collado Sellón, donde confluyen varios GR (GR-102, GR-105 y GR-109) antes de girar hacia el este y bajar finalmente a Omedal por caminos empedrados como el tramo de La Bolera.
Entorno natural, dificultades y equipación recomendada
El entorno del Picu Faéu, aunque no se encuentra estrictamente dentro de un espacio natural declarado como Parque o Reserva, se halla en la órbita inmediata del Parque Natural de Redes y muy próximo a áreas protegidas por la presencia de especies como el alimoche. Los montes se cubren de bosques de carbayos, hayas, castaños, abedules y avellanos, además de arces, cerezos, serbales y vegetación de ribera con alisos y fresnos.
Este paisaje diverso, con zonas de pastos, camperas, laderas boscosas y farallones calizos, hace que las rutas al Pico Faceu y cumbres adyacentes sean muy cambiantes en cuanto a terreno: tramos de buen camino carretero empedrado, senderos claros de ganado, zonas embarradas, pasos entre matorral y descensos algo delicados si ha llovido recientemente.
En cuanto a dificultad montañera, las descripciones coinciden en calificar estos recorridos como rutas de media montaña con tramos exigentes por la pendiente y la incomodidad (barro, vegetación cerrada, algún tramo de senda perdida). Personas acostumbradas a caminar por el monte no tendrán mayores problemas, pero no es la típica excursión corta y sencilla para una primera toma de contacto.
Para afrontarlas con seguridad se recomienda una equipación básica de montaña: botas con buena suela, mochila de 20-30 litros, ropa por capas (sistema de tres capas), chubasquero impermeable, gorra o buff, guantes finos, teléfono móvil, manta térmica, crema solar, gafas de sol, frontal con pilas de recambio, silbato, bastones y comida suficiente, además de al menos un litro de agua por persona.
También conviene llevar cartografía adecuada (IGN 1:25.000, hoja 54-I) o un track fiable en GPS, ya que en algunos puntos, como la subida hacia la Horcada La Muda o los descensos hacia Omedal por los Collaos de Ciébana, la senda puede perderse y obligar a tirar de orientación e intuición de monte, sobre todo con vegetación alta o después de temporales de viento que tiran ramas y árboles.
Sabores de Asturias: gastronomía en los concejos del entorno
Quien se acerque al Picu Faéu y al oriente de Asturias no solo va a encontrarse con castros, piedras decoradas y calzadas romanas; también va a tener muy a mano una gastronomía potente y variada, ligada a cada concejo y a los productos que históricamente han proporcionado el mar, los ríos, las caserías y los montes.
En la franja costera occidental, concejos como Tapia de Casariego, Castropol o Cudillero destacan por su cocina marinera: pescados al horno o a la plancha, mariscos, empanadas de congrio, merluza a la sidra, fabas con almejas, calamares en su tinta o preparaciones tradicionales como el curadillo (pez de la familia de los escualos que se seca colgado en balcones y ventanas y tiene incluso su propia fiesta).
Hacia el centro y oriente, la gastronomía de concejos como Nava, Colunga, Llanes o Ribadesella combina mar y tierra: fabada, verdinas con marisco, fabes con almejas, platos de rape (pixín), merluza, lubina, pulpo de pedreru, salmones del Sella, carnes de cordero o cabrito y una larga lista de postres tradicionales como el arroz con leche, frixuelos, casadielles, tortos, pantrucu o repostería casera ligada a las romerías.
En el interior, concejos como Morcín, Aller, Proaza, Mieres, San Martín de Oscos, Tineo, Ibias, Vegadeo, Ponga o Caso se identifican con platos de cuchara rotundos (pote asturiano, pote de berzas, pote de nabos, caldos con compango, lacón con cachelos), productos de la matanza del cerdo (chorizos, jamones, lacones, chosco, botelo, cachola) y quesos de enorme personalidad como el afuega’l pitu, el Gamonedo, el Casín o el queso de los Beyos.
Entre los postres y dulces más conocidos repartidos por estos concejos aparecen bizcochos borrachos de avellana, natas vaqueiras, cuayá, panchón de harina de escanda, bollos de Pascua, manolitos, seixolos o filloas, requesón con miel y multitud de variantes de arroz con leche, todos ellos muy presentes en fiestas locales y celebraciones familiares.
Esta riqueza gastronómica funciona como un complemento perfecto para cualquier jornada montañera o visita cultural al entorno del Picu Faéu: después de caminar por el Camín Real del Sellón, subir al Pico Faceu o curiosear sobre la piedra decorada del castro, sentarse a la mesa en algún pueblo cercano se convierte casi en una prolongación natural de la experiencia, donde se saborea literalmente el territorio que se acaba de recorrer.
En conjunto, la piedra decorada del Picu Faéu, los castros que la rodean, las sierras del Sellón, Frieru y Xiblaniella, las rutas al Pico Faceu y la vieja calzada romana componen un escenario privilegiado para entender cómo se ha ido tejiendo la historia de esta parte de Asturias: desde los poblados fortificados de la Edad del Hierro, pasando por la romanización y la reutilización de piezas en casas rurales como la Casa’l Capitán, hasta las actuales rutas de senderismo y el disfrute del paisaje y la gastronomía. Todo encaja como un gran entrelazado, igual que el motivo tallado en la pequeña piedra que dio pie a esta historia.