- El apellido Romero procede del término medieval «romaeus», asociado al peregrino que viaja a Roma y, por extensión, al peregrino cristiano.
- Romero, Romeu y Romeo comparten en muchos casos troncos comunes, con importantes linajes en Galicia, Aragón, Navarra, Castilla y Andalucía.
- Existen numerosos escudos diferentes para el apellido, destacando el águila de sable en plata y las tres estacas de oro encadenadas en gules.
- Hoy Romero es uno de los apellidos más difundidos del mundo hispano, con fuerte presencia en México, Colombia, España y otros países.
El apellido Romero es uno de los más extendidos del mundo hispano y, aun así, muy poca gente conoce realmente qué hay detrás de esas seis letras que tantas familias comparten. No es solo un nombre de familia corriente: está cargado de historia medieval, de peregrinaciones, de batallas y de una enorme diversidad de linajes repartidos por media España y buena parte de América Latina.
A lo largo de los siglos, distintos cronistas, genealogistas e historiadores han intentado aclarar si Romero, Romeu y Romeo proceden del mismo tronco o son apellidos distintos que acabaron pareciéndose. Sus textos, a veces contradictorios, dibujan una historia compleja en la que se mezclan Galicia, Aragón, Valencia, Navarra, Castilla, Andalucía y hasta las Indias. En este artículo vas a encontrar una explicación detallada y ordenada de todo lo que sabemos hoy sobre el significado, origen, historia y escudos del apellido Romero.
Origen etimológico del apellido Romero
La explicación más aceptada por los especialistas es que el apellido Romero procede del latín «romaeus» o «romaeus», que significa literalmente “el que va a Roma”. En la Edad Media se utilizaba ese término para designar a los peregrinos cristianos que realizaban el viaje a la ciudad de Roma, y por extensión se aplicó a quienes se desplazaban a otros lugares santos.
En castellano antiguo, la palabra «romero» se empleaba para referirse de forma genérica al peregrino, especialmente al que viajaba a centros de devoción como Roma o Santiago de Compostela. Así, personas conocidas en sus pueblos por haber cumplido ese viaje podían terminar identificadas por el apodo «el romero», que con el tiempo se fijó como apellido hereditario.
Otra línea etimológica, recogida en algunos estudios, enlaza el apellido con el término griego «romaeus» en sentido de “romano” o “bizantino”, aplicado a soldados y gentes de los territorios del Imperio Romano de Oriente, célebres por su carácter combativo y su vida itinerante. Esta acepción se asocia simbólicamente con la idea de quienes se desplazan lejos de su hogar para luchar o servir en campañas militares.
De forma secundaria, también se ha relacionado el apellido con la planta del romero (Rosmarinus officinalis). Este arbusto aromático, de gran presencia en la cuenca mediterránea, ha sido muy utilizado en la cocina y la medicina tradicional. Algunas teorías sostienen que ciertos linajes pudieron tomar el apellido por vivir en zonas donde abundaba esta planta o por dedicarse a recolectarla o venderla.
En cualquier caso, la mayoría de los genealogistas coinciden en que la acepción principal y más antigua es la de “peregrino que va a Roma”, quedando el sentido botánico como una asociación simbólica posterior, vinculada a las virtudes de la planta (resistencia, fuerza, buena memoria, victoria).
Significado del apellido Romero
Desde el punto de vista onomástico, Romero se considera un apellido de tipo toponímico y devocional a la vez. Es toponímico porque alude al destino del viaje (Roma) y devocional porque describe una condición religiosa: el creyente que emprende una peregrinación a un lugar santo.
La interpretación moderna más extendida resume su sentido como «peregrino», «el que va a Roma», «el que sale de casa a luchar o a cumplir una misión». En la época feudal, en muchos casos estas “misiones” podían ser tanto religiosas como militares, pues las campañas contra los musulmanes y las peregrinaciones formaban parte del mismo universo cristiano de la Reconquista.
El vínculo con la planta del romero añade un matiz interesante: en la tradición popular, este arbusto se asociaba con la fuerza, la victoria y la protección. Se decía que era la hierba de los soldados que jamás perdían una batalla, lo que encajó muy bien con linajes nobles y militares que ya llevaban el apellido y quisieron reforzar su simbolismo heráldico.
Todo ello hace que el apellido Romero transmita una mezcla de movimiento, cambio, coraje y devoción. No es un apellido estático, sino ligado a personas que marchan, viajan, combaten o cumplen votos, algo muy acorde con la vida agitada de los caballeros medievales y de los peregrinos.
¿Comparten linaje Romero, Romeu y Romeo?
Una de las cuestiones más debatidas en la historiografía ha sido si Romero, Romeu y Romeo designan un mismo linaje o si se trata de ramas distintas que solo comparten parecido fonético. Numerosos cronistas antiguos escriben indistintamente estas formas cuando se refieren a los mismos personajes históricos, lo que complica mucho la interpretación actual.
En antiguas crónicas aragonesas y valencianas, por ejemplo, se habla de caballeros que aparecen unas veces como Romeu, otras como Romero y en ocasiones como Romeo, sin que se explique el motivo del cambio. Además, diferentes autores discrepan sobre el solar primitivo de la familia, situándolo unos en Galicia y otros en Aragón.
Los datos disponibles permiten sospechar que el tronco original de algunos de estos linajes pudo estar en Galicia, desde donde ciertas ramas se trasladaron a Aragón, Valencia y otros territorios. A partir de ahí, la adaptación lingüística regional (románico occidental, catalán, aragonés, castellano) habría generado variantes gráficas como Romeu o Romeo, sin romper la continuidad familiar.
No obstante, la acumulación de contradicciones en los textos antiguos hace imposible afirmar con rotundidad que todas las familias Romero, Romeu y Romeo deriven de un mismo origen. Los especialistas suelen aceptar la existencia de varios solares diferentes, algunos claramente emparentados y otros solo coincidentes en el apellido.
Grandes cronistas que hablan del linaje
Buena parte de lo que hoy sabemos sobre los linajes Romero, Romeu y Romeo procede de las obras de prestigiosos historiadores y genealogistas. Entre ellos destacan Gaspar Escolano, Mosén Jaime Febrer, Jerónimo Zurita, Martín de Viciana, Jerónimo de Blancas, Argote de Molina, Antonio Beuter, López de Haro, Manuel de Montoliu, Andrés Jiménez Soler y Francisco Bethencourt, entre otros.
Gaspar Escolano, en sus «Décadas de la Ciudad y Reino de Valencia», ampliadas posteriormente por Juan B. Perales, afirma que el linaje que nos ocupa era uno de los mayores de Aragón y figuraba entre los Ricohombres de aquel reino. Señala que ya en 1150 existía un caballero de esta casa como señor de la villa de Ariza (Zaragoza) y menciona a Blasco Romeu, que sirvió como mayordomo al rey aragonés Alfonso II.
Escolano relata que en 1191, cuando Alfonso II acudió a socorrer al rey de Castilla en el asedio de Cuenca, pelearon con gran valor Blasco Romeu y su pariente Gimeno Romeu, acompañados de numerosos deudos y servidores costeados por ellos mismos. Estos episodios consolidan la imagen de un linaje fuertemente vinculado al servicio militar a la Corona de Aragón.
Por su parte, Mosén Jaime Febrer, en sus célebres «Trovas», menciona a un caballero llamado Basco Romeu, que muy probablemente sea el mismo personaje mencionado por Escolano, dado que vivió en la misma época y sirvió también a Alfonso II. Febrer, sin embargo, no lo presenta como aragonés de origen, sino como procedente de Galicia, lo que alimenta la hipótesis de un origen gallego del linaje que más tarde alcanzó su máximo esplendor en Aragón.
De la comparación de estas fuentes se desprende una notable contradicción entre la procedencia aragonesa o gallega del linaje primitivo, contradicción que ni Zurita ni otros autores posteriores consiguen resolver definitivamente. La conclusión más prudente es que, aunque sus raíces pudieran estar en Galicia, fue en Aragón donde estos caballeros alcanzaron mayor renombre y poder.
Los Romeu y Romero en la nobleza aragonesa
Las crónicas coinciden en que los Romeu/Romero se contaban entre los Ricohombres de sangre y naturaleza del Reino de Aragón, es decir, entre la antigua nobleza restauradora del territorio cristiano durante la Reconquista. Compartían estatus con linajes como Entenza, Cornel, Luna, Azagra, Urrea, Alagón o Lizana, todos ellos partícipes del reparto de tierras según el fuero legendario de Sobrarbe.
Algunos autores hacen hijo de Blasco Romeu al caballero García Romeu, Alférez Real y Señor de Calatayud, quien sirvió al rey Pedro II de Aragón en la famosa batalla de las Navas de Tolosa (1212) al mando de la vanguardia. Su valor fue tal que recibió el sobrenombre de «el Bueno», tal como relata el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada.
García Romeu padre tuvo a su vez un hijo del mismo nombre (a quien Febrer llama Guillermo), que combatió con él en las Navas de Tolosa y figuró entre los que rompieron la estacada del campamento enemigo. Posteriormente acompañó a Jaime I el Conquistador en la toma de Valencia en 1238, recibiendo el encargo de atacar la Puerta de Boatella, una de las entradas más defendidas de la ciudad.
Tras la conquista, este segundo García Romeu obtuvo en el repartimiento real el Valle de Artana y casas en la ciudad de Valencia. Participó en el Consejo de Nobles para la promulgación de fueros y privilegios, asistió a las Cortes de Alcañiz de 1250 y ratificó la confederación entre los reinos de Aragón y Navarra firmada en 1254. Casó, según varios autores, con doña Teresa de Aragón, posible hija natural del rey Pedro III el Grande.
De este matrimonio nació Jaime Romeu y Aragón, destacado en la conquista del castillo de Montesa, y su hermana doña Alfa Romeu y Aragón, que se unió en matrimonio con Alberto de Scala y Antillón, descendiente de los príncipes de Verona. Su hijo, Paulo de Scala y Romeu, fue Alférez Mayor de Aragón y se casó con doña Teresa de Lauria, nieta del gran almirante Roger de Lauria, lo que evidencia la elevada posición social de estos Romero/Romeu.
Principales solares y expansión geográfica en España
Lejos de limitarse a un solo lugar, el apellido Romero aparece documentado desde la Edad Media en numerosas regiones españolas: Galicia, Aragón, Navarra, Castilla, Andalucía, Murcia, Canarias, La Rioja, País Vasco y otras. Cada zona presenta sus propias casas solares y, en muchos casos, sus variantes heráldicas.
En Galicia existió un importante solar en la actual parroquia de Tojos (ayuntamiento de Lousame), en la provincia de A Coruña. Sus descendientes se apellidaron Romero, y una de sus ramas pasó a Aragón y posteriormente se estableció en la ciudad de Baza (Granada) y en Barcelona. Otra casa Romero se localizaba en la villa coruñesa de Muros, además de otras en A Coruña, Mondoñedo (Lugo) y Tuy (Pontevedra); de las dos últimas, algunos autores los mencionan como Romero y otros como Romeu.
En Aragón se documenta un antiguo solar con el apellido Romero en la villa de Ansó (Huesca), desde donde una rama bajó a la villa de Cetina (Zaragoza) y fundó allí una nueva casa. Además, según Bizén d’O Río Martínez, existieron dos casas distintas de Romeo en Aragón, diferenciadas por sus armas: una en Híjar y otra en la Sierra de Estronad.
Los Romeo de Híjar aparecen en documentos desde 1585 y extienden sus ramas en los siglos XVII y XVIII a Millera, Monzón, Ayerbe, Calatayud, Ejea de los Caballeros y otras localidades aragonesas como Abizanda, Mallén, Ligüerri, Naval, Cetina o Suelves. La casa de Romeo en la Sierra de Estronad se registra desde el siglo XVI en Murillo de Gállego y Ayerbe.
Estos linajes aragoneses figuran inscritos en el archivo de la antigua Casa de Ganaderos de Zaragoza y probaron su condición de infanzones ante la Real Audiencia de Aragón en repetidas ocasiones. Se mencionan, por ejemplo, a Juan Romeo, vecino de Zaragoza (1804); Juan A. Romeo, vecino de Ejea de los Caballeros (1817); Lucas Romeo, vecino de Calatayud (1749); y Orencio Romeo, vecino de Ayerbe (1742), entre otros.
En el ámbito navarro, hubo una casa de relevancia en la villa de Peralta (partido de Tafalla), cuyos descendientes aparecen a veces como Romero y otras como Romeo. Algunas ejecutorias de hidalguía de los siglos XVII y XVIII indican expresamente que ambos apellidos se consideraban uno solo dentro de la misma familia, emparentada con linajes hidalgos como los Mendijur o Sagasti.
En Guipúzcoa se conocen dos antiguos solares: uno en la villa de Vergara y otro en la de Azcoitia, cuyos descendientes se apellidaron Romero. Uno de estos Romero, casado en Azcoitia, fundó un importante mayorazgo en Lebrija (Sevilla), enlazando más tarde con familias como los Zúñiga, vinculados a los duques de Béjar.
En Castilla y León y Castilla la Nueva encontramos casas Romero tempranas en Toledo (con ramas en Santa Olalla, Casarrubios del Monte, Olías y otros pueblos), así como en Aranda de Duero (Burgos), Huélamo (Cuenca), Viguera (La Rioja) y Torija (Guadalajara). De la casa toledana procedió también una rama establecida en Zamora, de la que se derivan los Romero Villafañe, y líneas que se extendieron a Madrid, Sevilla, Huelva e incluso al Perú.
En Andalucía, las familias Romero aparecen en ciudades como Granada, Baza, Sevilla, Ronda, Écija y en diversas localidades de Huelva y Córdoba. Una rama andaluza se estableció en la villa de Cortegana (Huelva), probablemente emparentada con los Romero de Sevilla, ya que algunos descendientes sevillanos pasaron más tarde a pueblos onubenses.
En Murcia se documenta una casa Romero en Cartagena, mientras que en el archipiélago canario se conoce una importante familia Romero con asiento en la isla de Tenerife. Todos estos focos muestran hasta qué punto el apellido se extendió por buena parte del territorio hispano desde épocas muy tempranas.
El apellido Romero en México y América Latina
Con la expansión de la monarquía hispánica hacia América, muchas ramas de los Romero, Romeu y Romeo cruzaron el Atlántico. En la actualidad, el apellido Romero está muy difundido en países como México, Colombia, Perú, Argentina, Venezuela o Estados Unidos, fruto de esa emigración colonial y de posteriores movimientos de población.
En México, las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señalan que entre 2017 y 2020 se registraron más de 78.000 personas con este apellido, situándolo entre los más comunes del país. Su presencia se debe en gran medida a la llegada de conquistadores, colonos, funcionarios y religiosos procedentes de distintas regiones de España.
Un caso especialmente llamativo es el de los hermanos Lope y Juan Romero, originarios de Castilla, que se establecieron en la ciudad andaluza de Ronda y formaron parte del Consejo Supremo de Indias. Hacia 1610 marcharon a Guatemala y, más tarde, Lope Romero se casó con doña Gumersinda Motezuma, descendiente de los emperadores mexicas.
Este matrimonio dio origen al apellido compuesto Romero-Motezuma. En 1638, Lope fundó un rico mayorazgo en La Habana (Cuba) imponiendo la condición de que sus sucesores llevaran siempre reunidos los apellidos Romero y Motezuma; quien no lo hiciera perdía el derecho a la herencia. Documentos de archivo recogidos en México y España certifican la nobleza y el blasón de esta familia.
Otra rama de gran proyección americana es la de los Romero de Terreros, procedentes de Cortegana (Huelva) y establecidos en México, donde llegarían a ser condes y posteriormente duques de Regla gracias a sus cuantiosas fortunas mineras. Del mismo modo, familias Romero de Plasencia acabaron en Costa Rica, y otras muchas se extendieron por todo el continente, haciendo del apellido Romero un apellido muy representativo de la diáspora hispana.
Escudos y heráldica del apellido Romero
Una particularidad notable del apellido Romero es que no existe un único escudo para todas las familias, sino multitud de blasones diferentes, reflejo de la diversidad de solares y linajes. Muchas de estas armas están relacionadas entre sí, comparten figuras similares o combinan símbolos típicos de la Reconquista, como águilas, leones, torres, cadenas o árboles.
Las llamadas armas primitivas atribuidas a los Romero son muy sencillas: en campo de plata, un águila de sable. Este escudo fue usado por numerosas casas, especialmente en Aragón (Híjar, Millera, Monzón, Ayerbe, Calatayud, Ejea de los Caballeros, Zaragoza, Abizanda, Mallén, Ligüerri, Naval, Cetina, Suelves) y también por linajes procedentes del solar gallego de Tojos, con ramas en Baza y Barcelona, tanto bajo la forma Romero como Romeu.
Desde el siglo XVII, algunos Romero originarios de Galicia y establecidos en Aragón, con ramificaciones en Manilva (Málaga), Madrid, Ciudad Real y Carrión de Calatrava, utilizaron un escudo cuartelado en el que se combinan dos símbolos: en los cuarteles 1.º y 4.º, en campo de oro, un romero de sinople (la planta); y en los cuarteles 2.º y 3.º, también en campo de oro, un león rampante de gules.
Otra variante aragonesa muestra en campo de gules, dos lobos andantes de plata, puestos en palo, acompañados de una bordura de oro con cuatro matas de romero de sinople. Los Romero de la villa andaluza de Cortegana y su rama mexicana de Romero de Terreros emplean un blasón muy similar, con dos lobos de plata en campo de gules y bordura de oro cargada con seis matas de romero.
Los Romero radicados en Plasencia y pasados a Costa Rica traen en campo de azur, tres espadas de plata puestas en faja, con orla de oro. Algunas casas gallegas utilizan armas bastante singulares: seis orejas humanas dispuestas en dos palos, acompañadas de doce tibias cruzadas dos a dos, también repartidas en dos palos, posiblemente en recuerdo de hechos de armas especialmente cruentos.
Otras ramas gallegas combinan el águila de sable en campo de plata con tres matas de romero en campo de oro, o bien un escudo de oro con una cruz de gules floreteada y bordura de gules con ocho sotueres de oro. Existen también composiciones cuarteladas que reúnen águilas, castillos, estacas, leones y árboles de sinople con cruces de sable.
Muchos tratadistas recogen como armas asociadas al apellido un escudo de oro con un romero de sinople y bordura de gules con ocho sotueres de oro. Algunos añaden sobre el pecho del águila primitiva una flor de lis de oro y rodean todo el conjunto con el cordón de San Francisco, a modo de orla, reforzando así el simbolismo religioso del apellido.
Los Romeu y Romeo: variantes heráldicas relacionadas
Las variantes Romeu y Romeo, muy presentes en Aragón, Cataluña, Valencia y Navarra, disponen también de una rica tradición heráldica propia. Muchos de estos escudos, sin embargo, se cruzan con los usados por las ramas Romero, lo que evidencia el parentesco de algunos linajes.
Los Romeo de Jaca y los Romero de Ansó y Cetina, por ejemplo, utilizan armas muy parecidas: en campo de oro, un roble de sinople y un oso de sable empinado al tronco, a veces acompañado en el jefe de una estrella de gules. Otras familias Romeo aragonesas muestran en campo de gules una estacada de tres estacas de oro, fijadas en un suelo de sinople y unidas en su parte superior por una cadena también de oro.
Los Romeu de Valencia, señores de Alcácer y Alfarrací (citados con frecuencia como Alcácer y Alfarrasi), adoptaron finalmente un escudo partido en el que se combinan el águila de sable en campo de plata y las tres estacas de oro encadenadas en campo de gules. Este mismo modelo lo usaron los Romero de la casa de Toledo y sus ramas de Santa Olalla, Sevilla y Zamora; así como algunas líneas de Aranda de Duero y familias andaluzas y americanas derivadas de la rama sevillana.
Entre los Romeu catalanes y valencianos son muy habituales las veneras (conchas de peregrino) como figura central: siete veneras de oro en campo de gules dispuestas en palos o fajas, una sola venera en abismo, o veneras acompañadas de cordones de peregrino, bastones y cruces, en clara alusión al sentido original de “romero” como peregrino a lugares santos.
Otros escudos Romeu muestran ajedrezados de plata y azur, macetas de gules con plantas de sinople, palos de oro en campo de gules, cruces floreteadas y borduras compuestas. Los Romeu del Rosselló, por ejemplo, traen en campo de gules una venera acompañada de un bastón de peregrino y una cruz en sotuer, todo de plata. Los de Lleida combinan el águila de sable en plata con tres palos de oro en gules y una bordura de azur cargada de ocho cruces llanas de plata.
Una figura heráldica especialmente asociada a este linaje es la de las tres estacas de oro encadenadas, adoptada por el ya citado García Romeu, Alférez Real, como recuerdo de la proeza de romper la estacada en la batalla de las Navas de Tolosa. A partir de entonces, este motivo se convirtió en uno de los símbolos más representativos de muchas ramas Romeu y Romero que querían resaltar su pasado guerrero.
Pruebas de nobleza y presencia en órdenes militares
A lo largo de los siglos, distintas familias Romero y sus variantes probaron formalmente su hidalguía y limpieza de sangre ante instituciones como las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada, la Real Audiencia de Aragón y las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Carlos III y San Juan de Jerusalén.
Estos expedientes, además de detallar el árbol genealógico, recogen datos muy interesantes sobre los lugares de origen, oficios, propiedades y servicios al rey de los solicitantes. Así sabemos, por ejemplo, que Juan Cano Romero, bautizado en Lanchete en 1607, contrajo matrimonio con doña Úrsula de la Cuerda y, antes de pasar al Perú, hizo información de limpieza de sangre y nobleza en 1634 ante las autoridades de Santa Olalla, con la participación del licenciado Alonso Bargues y el escribano Blas García.
También se documenta a caballeros Romero y Romeo participando en cortes del reino, como micer Juan Romeo, lugarteniente de Justicia por el brazo de la Iglesia, presente en las Cortes de Aragón de 1626. Otros miembros del linaje destacaron como médicos, juristas, militares, altos funcionarios administrativos o clérigos de relevancia.
Un ejemplo médico notable es el de Gaspar Romeo, natural de Peralta de la Sal (Huesca), hijo de otro médico acreditado en los partidos de Barbastro y Benabarre. Este Gaspar estudió Humanidades en Graus, Filosofía en Huesca y Medicina en Zaragoza, doctorándose finalmente en la Universidad de Toulouse, lo que muestra el nivel cultural y social alcanzado por algunos miembros del apellido en la Edad Moderna.
En el ámbito nobiliario, el heraldista Arévalo atribuye a una familia Romero radicada en Granada, de la que procedía el marqués de Lugros, don Melchor de Miota Romero (título otorgado por Carlos II en 1691), un complejo escudo “en mantel” con castillo, mundo coronado, tajados de oro y doble orla de jaqueles de plata y azul, reflejo del lujo heráldico propio de la nobleza barroca.
El apellido Romero en la cultura y la actualidad
Más allá de la historia medieval y nobiliaria, el apellido Romero ha dejado una profunda huella en la cultura contemporánea. Es portado por personajes relevantes de la política, el arte, la religión y el cine, lo que ha contribuido a su gran visibilidad pública.
Uno de los nombres más emblemáticos es el de Óscar Arnulfo Romero (1917-1980), arzobispo salvadoreño y ferviente defensor de los derechos humanos, asesinado mientras oficiaba misa por su denuncia de la injusticia social y la violencia en El Salvador. Fue canonizado como santo por la Iglesia católica y se ha convertido en símbolo de la lucha por la justicia y la dignidad de los pobres.
En el mundo del cine, el apellido se asocia de inmediato con George A. Romero (1940-2017), director estadounidense de origen cubano-estadounidense, considerado el padre del cine moderno de zombis gracias a obras como «La noche de los muertos vivientes». Su influencia ha marcado profundamente la cultura popular y el género de terror.
En el ámbito de las artes plásticas, destaca el pintor cordobés Julio Romero de Torres (1874-1930), famoso por sus retratos de mujeres andaluzas de mirada intensa y aire melancólico. Su estilo, fácilmente reconocible, forma parte del imaginario colectivo español y ha convertido el binomio «Romero de Torres» en una auténtica marca cultural.
Hoy, Romero es un apellido muy frecuente en países como Colombia, México, Estados Unidos y Perú, entre otros. La dispersión geográfica y la mezcla de linajes hace que, en la práctica, millones de personas lo lleven sin compartir un antepasado común próximo, pero sí un patrimonio simbólico que remite a peregrinos, caballeros, soldados, nobles, campesinos, comerciantes y artistas de muy distintas épocas.
En conjunto, el apellido Romero condensa una historia larga y plural, que va desde las peregrinaciones medievales a Roma hasta las luchas sociales del siglo XX, pasando por la Reconquista, la colonización de América, la vida cortesana y la cultura popular contemporánea. Llevarlo hoy es, sin saberlo, llevar a cuestas un pequeño fragmento de esa enorme y variada memoria colectiva.



